viernes, 15 de febrero de 2013

EL BANDOLERISMO SOCIAL COMO EXPRESIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL: LA COSTA CENTRAL DEL PERÚ COLONIAL (1800 – 1815)



                                                                                                     
La costa central se caracterizó  por la presencia de haciendas que producían productos de pan llevar y también caña de azúcar y otros cultivos que eran trabajados principalmente por esclavos, hacia inicios del siglo XIX la crítica situación económica que vivía la economía colonial envuelta en una crisis estructural que había buscado por múltiples mecanismos reflotar esa situación estaba condenada a su colapso..

                                                                                                       Lic. Luis Alberto Rivera H.
                                                                                                       (betorh58@hotmail.com)




     La estructura social colonial descansó sobre profundos mecanismos de diferenciación. Estos encontraron su expresión en complejas relaciones de clases, castas y estamentos[1]. La posición que cada uno de los sectores sociales tuvo en la sociedad, entendiéndose ésta como una relación no sólo entre los miembros de un sector social, sino en la relación que mantuvieron con los otros sectores, explica su accionar como grupo social.


     Cabe advertir, que estas relaciones entre los diversos sectores sociales, dieron lugar a complejos mecanismos de control social[2], por parte de los grupos de poder, los cuales buscaban “mantener la relación social de dominio que satisficiera las ambiciones económicas de un estado metropolitano y sellara su compromiso de clase con los grupos señoriales americanos (...)” (Lazo, 1981:13).
     Como en toda sociedad, estos mecanismos de control social, tuvieron como principal objetivo, el conservar y acrecentar el status de privilegio del grupo dominante, para disponer, con seguridad, del trabajo siervo – esclavo (Lazo, 2007:75).


     Pero también es pertinente advertir, que estos mecanismos no son monolíticos, es decir, presentan fisuras las cuales permiten que “los de abajo” puedan actuar en defensa de sus intereses. Las manifestaciones de protesta popular, entre ellas el bandolerismo social, constituyen una expresión de estas fisuras.
     Durante la colonia, las clases dominadas llevaron a cabo de forma intensa y permanente, un conjunto de expresiones, que fueron respuesta de los sectores dominados a la explotación. Una expresión del  descontento social, fue el cimarronaje[3] y el bandolerismo  social[4].  Ambos expresan y ponen en evidencia, una forma de respuesta asumida de los sectores dominados,  pero que en ellas se encontraban en diversos grados, la alienación que habían instaurado los mecanismos de control social (Lazo, 2007: 78).

     Por un lado, el cimarronaje[5] pudo existir y desarrollarse gracias a que los mecanismos de control ideológico por parte de los españoles no tuvieron la eficacia pretendida[6].

     Los esclavos, pese a estar alejados de sus originales espacios culturales pudieron, en alguna medida, conservar la aspiración de mantener una vida alternativa a la de la hacienda. Por otro lado, el mismo hecho de que fuera frecuente el escape de las haciendas, tanto para constituir palenques y vivir oculto en la maleza costera, como para introducirse en la ciudad sin poder ser detectado, evidencia que los mecanismos de control social durante la colonia mostraban bastante ineficacia.

     En la perspectiva de Victoria Espinoza (1988), la costa central evidenció esta ineficiencia en los mecanismos de control en el amplio espacio social costero dado que:
(…) los caminos de acceso a las zonas urbanas porque fluían los productos del campo a la ciudad y de ésta a aquel, fueron los lugares más aptos para la incursión de bandoleros lo que se agravaba en gran parte por la escasa vigilancia de que eran objetos por parte de las autoridades al no existir los efectivos necesarios y suficientes. Allí los bandoleros podían obtener lo que les hacía falta para satisfacer sus necesidades por un consumo directo o a través de la comercialización de lo obtenido. El escaso desarrollo de los caminos y carreteras en la colonia facilitaron dichas incursiones (…). (Espinoza, 1988:102).

    
      Para el virreinato peruano, las dos primeras décadas que trascurren desde 1800 hasta la obtención de la independencia política (1821), constituyen una fase de evidente intranquilidad social, concretizada en el surgimiento de una gama diversa de movimientos rebeldes que en mayor o menor medida cuestionaron el poder político hispano (Seiner, 1989: 85).
     Sin embargo, los esclavos, al tener sobre sí mecanismos de control social poco eficaces, además de estar disgregados a lo largo de algunos valles de la costa, y desarrollar actividades disímiles, también desarrollaron acciones sociales que no tuvieron un alcance cuestionador frente al sistema feudal colonial.


Gráfico 09




La mano de obra esclava se constituyó en un importante grupo humano, actor de suma importancia en el  espacio social  de la costa central, principalmente usado en las actividades agrícolas y serviles. Cuando escapaban de las haciendas, se convertían en los famosos cimarrones y alternaban sus actividades con acciones como el bandolerismo.





     El bandolerismo[7] social, como expresión del movimiento social, se constituyó en una tipología de protesta individual, por parte de los sectores dominados, en su lucha por  amenguar el grado de explotación, al que los sectores dominantes los tenían  sometido (Lazo, 1981).
     En palabras del historiador Carlos Aguirre, el bandolerismo durante el siglo XIX fue una expresión del movimiento popular que:
(…) corresponde a la plebe, este sector heterogéneo que poblaba Lima y sus alrededores. Los bandidos eran hombres, de las clases bajas, mayormente castas, que como mencionamos antes quiere decir ni indio ni español (…) accionaban sobre todo en los valles costeños y se movilizaban bastante entre el campo y la ciudad. Aunque atemorizaron a las clases populares, el contenido de sus acciones (…) termina en una cierta esterilidad (…) (Aguirre, 1989: 123)

     Alberto Flores Galindo (1984), para el caso del Perú Virreinal, caracterizó  al bandolerismo como forma de protesta social  de los sectores dominados,  el cual hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX presentó un carácter epidémico, ya que transitar por la costa central del Virreinato Peruano se convirtió en un verdadero riesgo para los comerciantes o viajeros que frecuentaban esta región. Aún más, existe el peligro latente que “los bandidos ingresen a Lima”, este miedo tiende a la exageración haciendo que al interior de la aristocracia limeña su miedo a la plebe constituye su mayor temor oculto. Así mismo ha destacado la relación entre el cimarronaje y el bandolerismo social experimentado hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX:
Por otro lado, los cimarrones tenían que subsistir de alguna manera y para ello el monte era poco pródigo, de manera que sólo quedaba asaltar a algún viajero o robar en las haciendas. Es así como forzosamente hubo una estrecha relación entre cimarrones y bandidos. (Flores, 1984: 117-118).

     El bandolerismo social se presentó para el Perú Colonial como expresión de protesta de los sectores dominados bajo un contexto histórico determinado que hace que dicho fenómeno tenga un carácter endémico – epidémico.

     Endémico, porque de modo latente se presentó inserto en el desarrollo histórico social a través de casos periódicos, aislados individuales y de poca relevancia manteniéndose como un hecho permanente que sólo encuentra explicación en las contradicciones de la estructura del sistema económico social. Epidémico debido a que se intensifica respondiendo a causas coyunturales específicas (crisis periódicas, producción decreciente, crisis de descomposición etc.) terminadas las cuales tiende a volverse endémico.

     El bandolerismo social como forma de respuesta de los sectores dominados en el Perú colonial, presentó un carácter epidémico[8] en la costa central durante los años de 1800 – 1815, periodo donde el índice de criminalidad aumentó de manera significativa, consecuencia del incremento en los niveles de explotación, producto a su vez de la descomposición y colapso del modelo colonial español.

     Las Reformas Borbónicas  ejecutaron medidas administrativas[9] que debilitaron los viejos mecanismos de control social, pero por otro lado, en su deseo de aumentar la recaudación presionaron al aparato productivo. En palabras de Carmen Vivanco (1990) la presión sobre el aparato productivo se evidenció cuando:
(…)Los índices de las curvas de Novenos Reales reflejan una caída lenta en la producción agraria desde mediados del siglo (XVIII), lo que gravitó negativamente en la situación económica tanto del propietario  - hacendado como de los trabajadores dependientes(…) Esta situación poco favorable que vivió  parte de la población media limeña trajo consigo una mayor presión sobre el trabajador doméstico (esclavo y/o siervo) a fin de obtener un mayor rendimiento y así poder cubrir sus necesidades de consumo. Es entonces que dicha mano de obra, para liberarse de esa situación de  sobre explotación opta por el bandolerismo u otro mecanismo de respuesta como el robo o la simple huida. (Vivanco, 1990:43).


     Debido a que el aparato productivo no estaba en condiciones de realizar una mejora sustantiva en la productividad de las haciendas, aumentó la presión sobre los sectores explotados. Ello abrió un escenario en el cual aumentó el descontento frente al sistema[10]; pero por otro lado, se debilitan los mecanismos de control social permitiendo el desarrollo del bandolerismo social a niveles epidémicos.

     Es la estructura de los valles de la costa[11] ciertamente distinta de la estructura social que se puede apreciar en el sur andino. En la costa central la heterogeneidad social y cultural, además de la distribución poblacional y económica de la población impidió que se pudiera construir un proyecto masivo y de amplio alcance espacial como respuesta frente al sistema.

     Así, mientras que la expresión de la crisis del modelo colonial se mostró con una gran movilización de amplios objetivos y alcance demográfico y geográfico en el sur andino; en la costa, se pudo apreciar con movimientos que buscaban adaptarse al sistema a partir de las fisuras que evidenciaban los sistemas de control social. Flores Galindo, sostiene que:

El bandolerismo, a diferencia de los palenques, no será sólo una expresión negra del malestar social; por el contrario (…) las bandas tendrán una composición pluriétnica (…)El ideal de recuperar la vida africana no consigue un sustento sólido, porque por entonces se ha perdido el parentesco tradicional, casi no se utilizan las lenguas aborígenes, mientras se incrementa paralelamente el mestizaje con los otros grupos étnicos de la colonia(…)Fue un camino diferente del que contemporáneamente siguieron los campesinos andinos: en la sierra, especialmente en el sur y desde la segunda mitad del siglo, los motines rurales se convierten en rebeliones que, a su vez, culminan en revoluciones como las de Túpac Amaru II ( 1780) y los hermanos Angulo ( 1814). (Flores, 1984: 120).



     El bandolerismo social, como fenómeno social en palabras de Hobsbawm (2003) desafía  simultáneamente al orden económico social y político, allí radica su complejidad.

     En el plano económico,  el fenómeno del bandolerismo permitió la recreación de un circuito económico alterno al dominante, desde el cual se movilizaban los sectores marginales de la sociedad, la apropiación de bienes de los grupos dominantes o sus aliados fue una constante de sus acciones.
Para el caso especifico del mundo colonial, Carmen Vivanco (1990)  menciona:
(…) lo económico en el bandolerismo está presente tanto en sus motivaciones de sobrevivencia como en la conformación del status y en sus fines. En sus motivaciones por cuanto todos los sectores sociales de la clase dominada que optaban por esta forma de lucha popular demostraban con dicha actitud su disconformidad con los desniveles económicos en el sistema social del que formaban parte (…) Otros, eran hombres de oficio conocido (como artesanos, zapateros, sastres, etc.), pero la falta de trabajo los obligaba a ocuparse en cualquier cosa que se les presentase. Muchas veces al no ser ello suficiente para mantenerse optaban por “saltear” caminos como actividad complementaria (…). (Vivanco, 1990:35).

     En el ámbito social sus delitos tuvieron como elemento nutriente el descontento popular[12], por ello, cuestionaron no sólo el orden social vigente sino incluso algunos se levantaron y fungieron de autoridad paralela al orden establecido en algunos lugares, ejerciendo la autoridad de áreas donde tenían soberanía, por la ausencia del poder colonial[13].

     El cuestionamiento de la clase dominante y sus sectores aliados hicieron de su protesta una protesta con embrionario contenido político, no cuestionando el orden existente, no pidiendo al cambio del sistema o la ruptura del orden colonial de forma directa o explícitamente, sino cuestionando a las autoridades locales y del valle y por ende cuestionando indirectamente el engranaje político colonial.





[1] “(…) Por el principio estamental se estableció una clasificación social a partir de valorizaciones ideológicas y jurídicas, destinadas a destacar tanto posiciones de prestigio como estados correlativos de “calidad no distinguida”;  los unos gozando por su status de derechos y deberes privilegiados, y los otros careciendo de prerrogativas (…) la estratificación por casta contemplaba una diferenciación por caracteres étnico culturales, comúnmente denominados “cualidades del linaje”. En esta diferenciación, indicaba diferencias el color de la piel (…) la estratificación por clases sociales sostenía una división social basada  en un criterio económico, que el lenguaje de la época se traducía en la posesión de riquezas (propiedades y rentas)”. (Lazo, 2007:42- 44).

[2] “(…) El mecanismo de control social resultante en apariencia obedecía a una exclusiva programación estatal de colonización (…) Por medio de esta integración e instrumentando elementos culturales hispánico – andinos se indujo al establecimiento de relaciones socializadoras señoriales – serviles que caracterizaron a las instituciones sociales tanto como a las costumbres, los hábitos  y en general a toda relación de sociabilidad por más trivial que fuese.”(Lazo, 2007:45).
[3] En Palabras de Victoria Espinoza (1988) “los negros cimarrones eran los esclavos que se evadían de sus centros de trabajo e intentaban llevar una vida libre y preservar en lo posible su identidad cultural en los asentamientos en que se establecieron” (Espinoza, 1988:30).

[4] Para Carlos Lazo García el bandolero social del periodo colonial era: “(…) la actitud de éste remedaba a la de un señor rico y virtuoso, dispuesto a remediar entuertos, aunque para hacerlo tuviera que enfrentarse a otro del mismo rango. Como señor de facto desafiaba a los señores de derecho. Estos últimos por su parte lo calificaban como el más grande delincuente, contribuyendo sin proponérselo a incrementar el mito en torno a su persona. Los oprimidos lo ayudan dándole información y protección cuando las necesitaba” (Lazo, 1981:297).
[5] “Las noticias de cimarrones en nuestro territorio son tan antiguas como la presencia de esclavos negros y de españoles que, debe recordarse, trajeron a los primeros (…) Al cimarronaje se le trato de controlar desde un comienzo de la conquista y con distintos métodos (…) ya en 1535 los funcionarios de Lima reglamentaron que el esclavo que huyera por más de seis días debería perder la vida (…)” (Rodríguez 1991: 131 – 132).
[6] Para Carlos Aguirre: “(…) el propósito de domesticar a los esclavos indóciles a través del ejercicio de la violencia conllevaba también un efecto inverso: estimulaba la violencia y generaba respuestas contrarias a las esperadas (…)” (Aguirre, 1988:34).
[7] “(…) la sociedad utiliza distintos recursos lingüísticos: adopta palabras ya conocidas, adecuándolas al nuevo significado, crea otras o las toma prestadas de lenguas cercanas. En el caso del bandolerismo, no se puede hablar estrictamente de hechos desconocidos en España, pero sí de circunstancias especiales que explican la aparición en el siglo XVI – y su generalización en poco tiempo – de las palabras bandoleros y bandidos. Hasta entonces, voces como ladrón, malhechor y salteador de caminos habían servido para cubrir las necesidades de comunicación; a partir del siglo XVI, estas nuevas palabras irán concretando y ayudando a fijar la figura de unos hombres cuya situación está determinada por las condiciones históricas, sociales y hasta geográficas del medio en que viven (…).( Álvarez y García, 1986:1).
[8] El bandolerismo presentó una recurrencia epidémica, cuyo indicador expresó una anomalía social propia de una sociedad en descomposición. En palabras de Moran Daniel (2007): “(…) Y si queremos más pruebas documentales, lo podemos encontrar en el Archivo General de la Nación de Lima. Allí, una muy buena cantidad de expedientes de Causas Criminales de la Real Audiencia corroboran nuestras afirmaciones. No solamente, las partes aledañas de la Ciudad de los Reyes estaban cercadas por la delincuencia urbana, también los asaltos en los caminos de las regiones del virreinato eran constantes. Así, entre 1808 y 1815 hemos contabilizado aproximadamente 20 expedientes que se refieren a los famosos asaltos en los caminos. En el Callao, en Chincha, en la costa  norte y sur,  y en la parte central del virreinato dichas acciones ocurrían unas tras otras.”(Morán, 2007: 54).

[9] “Las reformas borbónicas aplicadas en América tenían como objetivo terminar con los privilegios particulares y centralizar en la metrópoli los beneficios de las colonias. A esto apuntaron, fundamentalmente, la creación de los nuevos virreinatos de Nueva Granada (1739) y el del Rio de la Plata (1776). Ese recorte territorial del virreinato peruano, junto con la introducción del sistema de intendencias y la implementación del Reglamento de Libre comercio de 1778, afectaron a la elite mercantil limeña, debido a que le restaron poder político y por consiguiente económico al causarle la perdida de los privilegios del monopolio. (Mazzeo, 1999: 25 – 26).
[10] “(…) El homicidio social, el vagabundaje, el bandolerismo, el pandillerismo urbano, los palenques, los motines, etc. Todo ello tenía su sustento en el creciente malestar social prevaleciente en la época colonial. La relación de estas manifestaciones de delincuencia y violencia  urbana y rural  obedecía a factores de índole económica. Por aquel motivo, las reformas borbónicas habían originado aquellos cambios en la cotidianidad de la ciudad de Lima colonial.  Entonces, entre las consecuencias de dichas reformas, que nos interesa destacar aquí, se produce el incremento del desempleo urbano: “El aumento de la vagancia y la delincuencia: Los robos que entre 1710 y 1730 representaban el 3% de los delitos, pasaron a constituir entre 1770 y 1790, el 47% de estos hechos punibles.” (Morán, 2007: 49 – 50).
[11] En lo referente a los valles de la Costa central, la tenencia promedio de la tierra, no fue la plantación azucarera sino la chacra con policultivos y con una pobre tecnificación, en palabras de Flores Galindo:  “(…) En Chancay, Huacho, Nepeña y Santa, se repetía la asociación entre caña de azúcar y grandes haciendas, junto a medianas propiedades y chacras para forraje, persistiendo reductos de propiedad campesina alrededor del maíz: contrapunto entre la agricultura de exportación y los cultivos destinados al mercado local”. (Flores, 1984: 40).

[12] “Aquellos que se reconocían en igual condición social de aquel que se hacía bandolero, lo apoyaban y protegían, reconociendo como suya dicha forma de rebeldía y al bandolero como a un “héroe”, capaz de enfrentarse al señor (llámese hacendado, minero, funcionario, etc.) en el terreno de los hechos y demás como ayudaba a los de su misma condición social, lograba con ello ese apoyo que se traducía en ayuda ya sea escondiéndolo de la justicia o proporcionándole alimentos, alojamiento, etc.” (Vivanco, 1990:35).
[13] Un caso que ubicamos en los expedientes revisados es sobre Pedro Espinoza, alias “Periquillo” un negro esclavo de Palpa, Ica, el cual  según una declaración : “ (…) es tan malo el negro Periquillo que no le halla cotejo, pues le ha asombrado el teson de este ladron a este vecindario sin reserva de personas, llegando a tal su insolencia que no solo se contentaba con tomar lo ajeno, sino con atropellar con armas a toda persona, de modo, que se havia hecho el temor de las gentes, que desde que este negro se ha exercitado en robar, es conocida la ruina del pueblo sin querer entrar marchantes con viveres, porque a todos los tiene auyentados, que al declarante le robo dos caballerías (…)” ( Causas Criminales, AGN, Leg 95 C 1169, 1802)

LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI COMO FORMA DE MOVILIZACIÓN SOCIAL FESTIVA EN EL CUZCO COLONIAL (XVI – XVII): UNA VISIÓN DESDE LA CRÓNICA DE GARCILAZO DE LA VEGA



“La fiesta era un espejo que devolvía a cada participante su papel e imagen en el mundo, fuera de su propio destino escatológico De ahí que la fiesta estuviese organizada de acuerdo con las clases sociales, que cada una tuviese su puesto en ella, que pagase la parte que le correspondía..” (José María Diez Borque 2007:44)

                                                                                                              Lic. Luis Alberto Rivera H.

INTRODUCCIÓN





La historia como ciencia social, estudia la realidad como una totalidad concreta, determinada por dos ejes, uno de tiempo largo, la estructura y otro de tiempo corto e inmediato, la coyuntura. En el análisis, la historia ciencia, busca revelar el ser esencial, recubierto por el ámbito fenoménico y acontecimental, ambos niveles importantes para el estudio de todo fenómeno social; sin embargo la tarea del historiador es ir en la búsqueda de las causas últimas y no de las causas aparentes[1]
La ideología dominante en el mundo, defensora de un orden económico social excluyente para las grandes mayorías; en la ciencia histórica ha  pretendido renunciar a la idea de una historia total, en clara apuesta a lo fragmentario y lo individual. Por ello abandonan cualquier pretensión de explicación teórica enmarcada en una “historia total” y es que el pensamiento único, defensor del neoliberalismo y del mundo unipolar, renuncia a la idea de totalidad. Desconociendo que no se trata de decir “todo del todo” sino aquello que depende del todo, es decir buscar las conexiones internas de los hechos que hacen comprensibles la totalidad.
El historiador que asuma la historia como ciencia y en consecuencia la historia total buscará  analizar los fenómenos sociales tanto en su dialéctica interna como externa, en sus relaciones con otros procesos y fenómenos sociales considerándolos parte del devenir histórico en interconexión con la sociedad.
El establecimiento del régimen colonial implementado por la corona española en el antiguo imperio del Tahuantinsuyo, fue un largo proceso, que se implementó tomando como base muchos mecanismos aplicados por el Imperio Inca sobre las naciones sojuzgadas; la mita, el tributo, y diversos mecanismos de control económico, fueron utilizados por el régimen español para acentuar su dominio,  e implementar   su modelo económico de corte feudal.
Pero no solamente se instauró un modelo económico y social legitimado por la institución del Virreinato; sino también se desplegó un conjunto de mecanismos para el control ideológico de la población, esta movilización de control social en el ámbito ideológico,  tuvo en la religión una de sus aristas principales, así como también en toda manifestación de corte ideal que sirviera para dibujar el cuadro estamental y piramidal  de la nueva estructura social que se instauraba en el virreinato y que tenía en la cúspide social al sector indiano peninsular como el grupo dominante.
Al concretarse el dominio hispánico, según algunas teorías, se inició un proceso de asimilación y de sincretismo de los patrones y la cultura dominante; en el mundo indígena  sin embargo contrario a esta opción teórica, podemos mencionar que la constante en todo el proceso de dominio hispánico fue la concreción de una cultura de resistencia, que se expresó como un fenómeno socio cultural e ideológico caracterizado por la adopción del pueblo andino en  diversos mecanismos para poder resistir el proceso de asimilación y erradicación de su cultura por parte de la clase dominante, este proceso de erradicación de la cultura andina fue llevado a cabo por el conquistador tanto de manera coercitiva como coactiva, tenemos por ejemplo el caso de la extirpación de idolatrías, la que sobredimensionada o no, buscó el sometimiento de la religión andina bajo la hegemonía del catolicismo, con el claro objetivo de poder controlar a la masa indígena (mano de obra) y tener un mejor control de la población, bajo  el encubrimiento de el aparente fin cristianizador, el fin económico era claro, acentuar el dominio económico sobre la masa indígena, en esta perspectiva podemos entender las contradicciones entre, el alto clero y bajo clero, las órdenes religiosas y los indígenas, la de las órdenes religiosas entre sí por el control de los  indígenas y la de las órdenes religiosas y los funcionarios coloniales. Siendo la contradicción principal, la contradicción entre la  religión indígena  y la implantación de la religión cristiana en el plano de la lucha ideológica que se llevaría a cabo en los primeros siglos de la  conquista.
Sin embargo a pesar del intento de erradicación de la cultura indígena, vemos evidencias claras de la existencia de una cultura de resistencia  que se ha mantenido a través de los siglos diferenciándose de la occidental.
En este sentido discrepamos con las visiones que intentan hablarnos de mestizaje en este periodo entendiendo con ello la confluencia de ambas culturas y que desde esa óptica habrían sido en forma armónica. Madeleine Zúñiga y Juan Ansión al respecto mencionan: “... la noción de mestizaje cultural aunque construida a base de las categorías coloniales, tiende a eliminar la percepción de la relación de dominación propia de la situación colonial y heredada de ella. Es decir tiende a suponer armonía entre  todos; dejando de lado la desigualdad real de condiciones de los grupos sociales y étnicos” (Zúñiga y Ansión 1997:4).
Algunos estudios realizados sobre expresiones de resistencia cultural en el extranjero revisadas, han sido por ejemplo el trabajo de Talavera, María, Una explicación sobre el Origen del Simbolismo de la Fiesta de Diablos Danzantes de Venezuela, publicado en Acta Científica Venezolana (1999), su estudio centra en la Fiesta de los Diablo, en ella la autora observa como la dicotomía de la Fiestaen la figura Dios – Diablo permite ver como el desarrollo de la Fiesta es una teatralización de los opuestos o contrarios (Dios – Diablo), y resalta como al Iglesia en América permitió la expresión en la Liturgia Católica de una serie de expresiones y elementos considerados profanos: danzas y cantos en los ritos religiosos. Con el objetivo de adaptarlas a las enseñanzas religiosas del cristianismo.
En otro aspectos Noguera Dolores, en su estudio titulado, Elementos Teatrales del Corpus Madrileño en las últimas décadas del siglo XVI, nos analiza las particularidades de los Autos Sacramentales del Corpus Madrileño y a partir de allí, nos describe como se llevaban a cabo las fiestas del Corpus Christi en el siglo XVI, y cuál era el papel asignado no solo al clero sino al Cabildo como institución encargada de tener a su cargo la organización de la Fiesta del Corpus.
Otro estudio que incide sobre las manifestaciones barrocas teatrales, es el de Chinchilla, Rosa Helena, titulado, Pinturas Emblemáticas y Fiestas Teatrales en la Época Colonial (2007); este trabajo analiza las fiestas teatrales y la puesta en escena de los Auto Sacramentales, como medio de enseñanza a las poblaciones indígenas del catolicismo, reafirmando el desfile de los grupos sociales la jerarquía social piramidal de la sociedad colonial.
El presente trabajo de investigación abordara, una fiesta religiosa, el Corpus Christi, fiesta religiosa que se empleó en la colonia como elemento de adoctrinamiento en la religión católica sobre la masa indígena y también como demostración del poder del régimen hispano.
A fin de contar con elementos teóricos referenciales y dotar de mayor precisión en el análisis, definimos a la cultura campesina como: “...todas aquellas creaciones y comportamientos socialmente aprendidos que son propios de una formación social históricamente determinada” (Cáceres Olazo – Monroy 1992:3). Asimismo definimos la cultura de resistencia como “Todos los movimientos y diversas formas de oposición activa o pasiva que se dieron durante el periodo colonial hispánico en el Perú” ((Cáceres Olazo – Monroy 1992:4).
Y al campesinado del Cuzco como 
 “Toda la población que vive en áreas rurales o en centros de población concentrada del departamento de Cuzco durante los siglos XVI y XVIII y cuyo trabajo está ligado de manera directa o indirecta a la actividad agrícola y pecuaria, y se caracteriza por reproducir comportamientos comunes, tanto en organizaciones autóctonas, propias de la cultura andina, como en las generadas por el sistema de dominación imperante” (Cáceres Olazo 1999:7).

El proceso de conceptualización, debe ser complementado una hipótesis aproximativa que determinó el rumbo de la investigación: “El profundo contenido político colonial, el deseo de desplazar la festividad andina del Inti Raymi y la búsqueda de una mayor feligresía hacia la religión católica, hicieron de la Fiesta del Corpus Christi, una de las principales movilizaciones festivas del Cuzco Colonial durante los siglos XVI y XVII al servicio de los intereses de la Corona Española”

El trabajo ha sido dividido en cuatro partes para una mayor precisión  en el análisis, la primera parte, una introducción en la cual se  exponen las referencias teóricas a utilizar y se llega a la elaboración de una hipótesis tentativa. La segunda parte, un análisis de la Fiesta como Movilización social de carácter festivo, una tercera parte donde se analiza el trasfondo político la superposición del Corpus sobre el Inti Raymi andino y la forma festiva de evangelizar como medio utilizado por los españoles. Finalmente una cuarta parte donde se demuestra la validez de la hipótesis.

















PARTE II
LA FIESTA COMO FORMA DE MOVILIZACIÓN FESTIVA EN EL MUNDO COLONIAL











La fiesta como forma de  movilización social festiva, permite no sólo interactuar a los hombres sino reproduce su ordenamiento social; expresa un lapso de euforia colectiva en la cual se reafirma una legalidad existente, ratifica un ordenamiento social, busca ganar el consenso de los dominados que participan en ella, constituye un mecanismo de concientización y también en algunos casos, una protesta al régimen de explotación.
Sobre la fiesta podemos tomar como referencia teórica lo que nos menciona la etnología la cual:
 …ha considerado la fiesta principalmente como una “estructura de inversión”, como una precaria conjunción de dos tendencias antinómicas de la vida social: el orden y el desorden, designando a estas dos funciones que se consideran contrapuestas como conversión e inversión o subversión. (Cruz de Amenazar, Isabel: 25)

La fiesta tiene dos aspectos contradictorios en su interior[2], ambos son fundamentales para comprender la complejidad de las fiestas. La primera es la conversión, representada por el mantenimiento de reglas y el respeto al uso y costumbre emanados por la autoridad. La otra, llamada inversión o subversión, conformada por la violación de normas, trasgresión de fórmulas y modelos; la encontramos en fiestas donde lo profano deviene en sagrado, donde toda regla es abolida y la vida social se coloca al revés.
La fiesta religiosa en la sociedad colonial ayuda a  crear un sentido de comunidad, que involucra lo artístico, lo político, y lo religioso tanto como la comunidad letrada y analfabeta” (Rosa Helena 2007: 1), pero también reafirma la situación social jerárquica de toda sociedad.
Para el caso de la civilización andina, las fiestas tuvieron un papel análogo al hispano, Waldemar Espinoza (1997:329) refiere que fueron alrededor de 12 las festividades que se celebraban en el Cuzco pre hispánico, de las cuales  sólo dos eran las más multitudinarias, el Intirraimi [3] (junio) y el Cápac Raimi (diciembre).
El cronista José de Acosta en su obra “Historia Natural y Moral de las Indias” (1962) refiere que cuando entraron en contacto los españoles con los indígenas, y comenzaron su labor catequística, hallaron algunas similitudes entre el culto y ritual católico  y el de los indígenas.
Una de estas similitudes fue la fiesta del Santísimo Sacramento ó Corpus Christi, que los cristianos celebran con cantos y danzas, en similitud a la fiesta incaica del Intirraimi.
Ambas festividades coincidían en el mes de la celebración (Junio), ambas tenían representaciones materiales (santos, vírgenes, momias, ídolos) los cuales eran sacados en procesión, y duraban muchos días (entrada, día central, octava etc. en cuanto al Corpus).
Frente a este gran movimiento  festivo de control ideológico por parte de la élite incaica durante el Tahuantinsuyo, los españoles debieron buscar el mejor método para lograr extinguir lo que ellos denominaban “idolatrías”, buscando hacer olvidar a los grupos dominados sus cultos e implantar el culto cristiano[4].
Para el caso del Intirraimi cuzqueño, los españoles utilizaron una nueva forma, el desplazamiento o superposición de la fiesta, el cual consistió en buscar desplazar el culto andino (Intirraimi) superponiendo una fiesta Católica, la asignada por la coincidencia temporal fue la del Corpus Christi.
 El Corpus Christi[5], además tenía una múltiple importancia para los conquistadores; no sólo ponía en evidencia el rol evangelizador hacia los indígenas, sino demostraba la superioridad del culto católico por encima del culto pagano de los andinos, y representaba el status privilegiado de los sectores prominentes de la sociedad (Dean Carolyn 2002:31).
La primera noticia que se tiene de la Fiesta del Corpus Christi[6] en el Cusco data del año 1547 (9 de Junio) y menciona su característica solemne (Vargas Víctor 1983: 583).
Durante la ceremonia del Corpus Christi en el Cuzco Colonial los sectores andinos cusqueños danzaban enmascarados, cantaban y escenificaban bailes dialogados, tocando tambores, flautas y pututos,  “todo (a semejanza) de las actuaciones que practicaban en las celebraciones del Intirraimi que por su cuenta seguían conmemorando” (Acosta 1962: 269).
La fiesta del Corpus Christi no sólo sirvió para conmemorar el sacramento de la eucaristía y reforzar la idea de pertenencia al cuerpo de la Iglesia, sino que se convirtió con la Contrarreforma en una de las celebraciones más importantes de la cristiandad católica.
Por ello incluso el concilio de Trento incidió que debía celebrarse con grandes procesiones, danzas y representaciones de autos de fe, todos los cuales permitieran divulgar la interpretación doctrinal de este sacramento (García G. Bernardo: 190). Este contexto de pugna ideológica entre la doctrina católica y la protestante, permite explicar por qué incluso para el siglo XVII, los monarcas españoles participan activamente en la procesión del Corpus Christi[7].



PARTE III
“Bajo la difundida consideración popular que las explicaba como una generosa y desinteresada concesión para el recreo, las actividades festivas encubrieron su profundo contenido político”
(Carlos  Lazo  García 1981: 207)

3.1. EL CORPUS CHRISTI Y SU PROFUNDO CONTENIDO POLÍTICO COLONIAL





Durante su realización, la Fiesta del Corpus Christi, expresaba el ordenamiento político y social del Perú colonial[8]; marchaban durante las procesiones en una ubicación alrededor del Santísimo, los miembros de la clase dominante (los señores, los religiosos y funcionarios coloniales), cubiertos con sus mejores trajes y en una actitud de “una seriedad y silencio en (los) que sólo se oyen las divinas alabanzas, en contraste con la parte “jocosa” que los indios representaban conjuntamente con las mojigangas de cartón” (Concolorcorvo 1946, 215 – 217).
La fiesta religiosa del Perú Colonial encubrió un profundo contenido político (Lazo García 1980: 207), eran planificadas y organizadas por los grupos de poder con el objetivo de adoctrinar a la población dominada dando muestra del ordenamiento social vigente y dando materialidad a las reglas de asimilación y diferenciación.
Por asimilación entendemos, las reglas por las cuales los sectores sociales dominados son insertados en la sociedad colonial en un aparente estado de integración, sin embargo, al interactuar en la sociedad se expresa otra regla, la de diferenciación, la cual hace evidente las diferentes posiciones sociales de los grupos confortantes de la sociedad colonial, un minoritario y dominante y un amplio sector social dominado. De esta forma las fiestas  en la colonia durante su realización evidencian ambos principios y servían para racionalizar una convivencia social de consenso entre ambos sectores sociales.
Durante su realización la Fiesta del Corpus Christi expresaba el ordenamiento político y social del Perú colonial; marchan durante las procesiones en una ubicación alrededor del Santísimo los miembros de la clase dominante (los señores, los religiosos y funcionarios coloniales), cubiertos con sus mejores trajes y en una actitud de “una seriedad y silencio en (los) que solo se oyen las divinas alabanzas, en contraste con la parte “jocosa” que los indios representaban conjuntamente con las mojigangas de cartón” (Concolorcorvo 1946, 215 – 217).
De esta manera observamos dos formas de expresarse durante la fiesta del Corpus en el Cuzco colonial una de los sectores sociales dominantes que intentan reproducir la fiesta que se conmemora en España y la de los grupos dominados, principalmente andinos para los cuales las fiestas eran acontecimientos en donde el bullicio y la diversión era algo de tradición  pre hispánica, al respecto Waldemar Espinoza menciona
 El cusco también era la llacta de las continuas fiestas
Las 12 festividades eran solemnes y multitudinarias, bien que habían dos, las del Intiraymi (junio) y Cápac – raymi (diciembre), que por estar dedicadas al sol cobraban mucha relevancia….en las dos festividades rimbombantes la gente bebía sin parar, mientras el soberano redistribuía regalos” (Espinoza W. 1997:329).

En este sentido la religión católica cumplía fielmente su papel de ser la institución que mediante la religión católica, desplegaba un instrumento ideológico de dominación que buscaba legitimar, un orden social existente y de explotación feudal de las masas campesinas.
Pero la instauración de la Fiesta del Corpus Christi  en el Cusco colonial debe ser enfocada como parte del proceso de la conquista española, ya que luego de la derrota militar de la elite cuzqueña a manos de la corona española. Uno de sus representantes coloniales, el Virrey Toledo buscara convertir la fiesta del  Corpus Christi en una de las principales fiestas en todo el Perú Colonial y también por intermedio de su reproducción en cada Junio desplazar de la memoria del mundo andino una de sus fiestas importantes, el Inti Raymi.
Para llevar a cabo todo esto Toledo realizó un cambio significativo en la forma de llevarla a cabo[9], ordenando que
 “...el Corpus se celebrara en cada provincia y en consecuencia que ya no se enviaran desde allí representaciones alegóricas a las ciudades. En adelante los indios deberían asistir con sus andas divididos en parroquias” (Lazo Carlos 1981:222).


La fiesta del Corpus Christi fue organizada para contar con la multitudinaria participación de los indígenas, con un claro objetivo de buscar su  “adoctrinamiento” y reemplacen sus “idolatrías”. Debido a ello las medidas adoptadas por Toledo, para quien es importante una vez derrotada militarmente la elite cuzqueña, se desplieguen efectivos mecanismos de control social en los sectores sociales dominados teniendo en la religión uno de sus principales instrumentos para poder hacer de los indígenas fieles vasallos del rey y siervos resignados a su nueva situación social; en esta perspectiva podemos entender la razón por la cual Toledo obliga “...que los caciques e indios que se hallaren en esta ciudad saquen de cada parroquia dos o tres danzas y sus andas, pendones y vengan sacerdotes de ellas que procuren que la fiesta se haga con solemnidad debida” (Huayhuaca Villa Sante 1988: 51).
La conquista española no solo importó su modelo económico social en sus colonias sino buscó que en el plano de las actividades festivas estas se convirtieran “...en importantes para preservar el orden establecido dentro de una sociedad fuertemente estratificada…” (Cantos López Ángel 1992:19).
 En estas fiestas no sólo se reproduce la sociedad estratificada española, sino también se deduce de su accionar durante la fiesta, que los sectores dominantes son los verdaderos protagonistas, sirviendo la fiesta para subrayar quienes de verdad detentan el poder y rigen los destinos de la sociedad (Ibíd). Cada uno de estos principios políticos eran reafirmados por la homilía y el sermón y en cada detalle de la ceremonia del Corpus Christi, desde el ingreso al interior de la Iglesia hasta cuando se produce la procesión.



3.2. EL CORPUS CHRISTI: UNA FIESTA DE DESPLAZAMIENTO Y SUPERPOSICIÓN DEL INTI RAYMI




Según refiere Waldemar Espinoza (1997:329) fueron alrededor de 12 las festividades que se celebraban en el Cuzco pre hispánico las cuales no sólo eran solemnes ceremonias y festividades sino de ella dos eran las más multitudinarias, el Intirraimi (junio) y el Cápac Raymi (diciembre).
El cronista José de Acosta en su obra “Historia Natural y Moral de las Indias” refieren que cuando entraron en contacto los españoles con los indígenas, y comenzaron su labor catequista, hallaron gran semejanza entre algunos detalles del culto y ritual suyo y el propio de los católicos. Una de esas coincidencias  era la fiesta del Santísimo Sacramento, del Corpus, que los cristianos celebran con cantos y danzas.
En ambas festividades que coincidían en el mes de la celebración (Junio), los españoles hallaron coincidencias muy afortunadas, como por ejemplo, ambas tenían representaciones materiales (santos, vírgenes, momias, ídolos) los cuales eran sacados en procesión, ambas fiestas duraban muchos días (entrada, día central, octava etc. en cuanto al Corpus).
Con respecto a la fiesta del Intirraimi Waldemar Espinoza señala
La preparaban y la presidía el sapainca mismo con presos ayunos consistentes en la abstención de sal, ají, chicha y sexo. Antes de que amaneciera ya estaba en la plaza principal, invadida por las panacas o ayllus reales. Al rayar el alba, el soberano de pie y tomando un Quero de oro ofrecía al Sol un brindis de yamor (chicha preparada por las huairuro acllas). Sacrificaban llamas especiales, a las que quemaban en hogueras encendidas mediante los reflejos del sol en un espejo concho en el que metían estopas de algodón. Ese mismo fuego sagrado se lo recogía por los sacerdotes para conservarlo en el templo todo el año, alimentándolo con combustible sin cesar” (Waldemar Espinoza 1997: 329).

Frente a este gran movimiento  festivo de control ideológico por parte de la élite incaica hacia los ayllus y etnias sojuzgadas[10], los españoles debían buscar el mejor método para lograr extinguir lo que ellos denominaban “idolatrías”, para
 hacer olvidar en los grupos dominados sus antiguos cultos e implantar el culto cristiano[11].
Para el caso del Intirraimi cuzqueño, los españoles utilizarían un método que buscaría este objetivo, el desplazamiento o superposición de las fiestas, la cual consistiría en buscar desplazar el culto andino al Intirraimi superponiendo a la fiesta indígena una fiesta Católica, en este sentido la fiesta asignada por la coincidencia temporal fue la del Corpus Christi, además que tenía una doble importancia no solo para la evangelización de los indígenas sino para demostrar la superioridad del culto católico por encima del culto pagano de los andinos.
La fiesta del Corpus Christi no sólo sirvió para conmemorar el sacramento de la eucaristía y reforzar la idea de pertenencia al cuerpo de la Iglesia, sino que se convirtió con la Contrarreforma en una de las celebraciones más importantes de la cristiandad católica. Por ello incluso el concilio de Trento incidió que debía celebrarse con grandes procesiones, danzas y representaciones de autos de fe,  todos los cuales permitieran divulgar la interpretación doctrinal de este sacramento (García G. Bernardo: 190). Este contexto de pugna ideológica entre la doctrina católica y la protestante, permite explicar por que incluso para el siglo XVII, los monarcas españoles participan activamente en la procesión del Corpus Christi[12].








3.3. LA FIESTA DEL  CORPUS CHRISTI: UNA FORMA FESTIVA DE EVANGELIZAR
Las fiestas sirvieron para hispanizar, transformar y reelaborar las costumbres autóctonas por que el festejo….permitió la introducción de nuevas normas y prácticas religiosas”
(Feliciano Wilma 2004: 1)

Las fiestas en el mundo colonial  constituyen representaciones que no sólo expresan las relaciones de poder en la sociedad sino también la búsqueda de generar consenso entre los sectores sociales dominantes y dominados y el principal aspecto el de evangelizar y adoctrinar a los indígenas.
El Corpus Christi como celebración cristiana y fiesta católica se celebra en el mundo cristiano europeo y en las colonias que España controlo en diversas latitudes, la fiesta del Corpus ingresó al “Nuevo Mundo” por medio del conquistador español como un mecanismo de evangelización. Siendo la celebración del Corpus “elemento de introducción de los preceptos religiosos, apoyados en las ceremonias y cultos de los indígenas,…..esta festividad católica  permite, por sus características mismas, asociaciones con cultos no cristianos y ciertos cultos antiguos de la población indígena (Talavera, María 1999:81)
De esta manera observamos dos formas de expresarse durante la fiesta del Corpus en el Cuzco colonial una de los sectores sociales hispanos que intentaban reproducir la fiesta que se conmemoraba en España y la de los grupos dominados, principalmente andinos, para los cuales las fiestas eran acontecimientos en donde el bullicio y la diversión era algo de tradición  pre hispánica[13] (Espinoza W. 1997:329).
En este sentido la religión católica cumplía fielmente su papel de ser la institución que mediante su doctrina desplegaba todo su arsenal litúrgico y su armamento persuasivo (Valenzuela M., Jaime 2001:24), buscando legitimar, un orden social existente de explotación colonial.
La corona no sólo importó su modelo económico social hacia sus colonias sino buscó, que las actividades festivas se convirtieran “...en importantes para preservar el orden establecido dentro de una sociedad fuertemente estratificada…” (Cantos López Ángel 1992:19).
Uno de los primeros testimonios sobre la realización de la festividad del Corpus Christi en el Cuzco colonial lo tenemos del Inca Garcilazo de la Vega, quien en su obra  Historia General del Perú (1944), refiere acerca de la solemnidad con que se realizaba la fiesta del Corpus en el Cuzco, donde participaban tanto los vecinos del Cuzco colonial como los caballeros nobles, hijosdalgo e indígenas que se encontraban dentro de los repartimientos españoles.
La procesión del Corpus Christi, refiere Garcilazo, utilizó  andas ricamente adornadas llevadas por los vasallos, introduciendo dentro de las andas las imágenes de “Nuestro Señor” o “Nuestra Señora” o de algún otro santo del cual sean devotos españoles o indígenas. Para la realización del Corpus al igual que ocurría en España, la responsabilidad y papel promotor de la fiesta corría a cargo del Cabildo[14]  siendo el objetivo en ambas latitudes (tanto en la Metrópoli como en la colonia) el mismo, la exaltación de la Eucaristía (Noguera Dolores 2003: 568).
Las andas del Corpus eran adornadas con seda, oro y otras joyas, introduciendo dentro de ella una imagen (la Virgen Maria, Cristo, o algún otro santo) del cual fueran devotos españoles y/o indígenas. Esta descripción es muy análoga a la que sucede en España, donde participan las cofradías de los talleres y oficios de las ciudades.
La particularidad en la colonia fue el acompañamiento en estas fiestas de los caciques de las diferentes etnias de la Ciudad del Cuzco, los cuales llegaban acompañados de sus parientes y toda la aristocracia indígena de la zona. Llegaban provistos de sus ornamentos, que utilizaban desde los tiempos pre hispánicos en las fiestas mayores, cada uno de estos caciques hacían traer la pacarina de donde decían descender como lo refiere Garcilazo
Unos venían (como pintan a Hércules) vestidos con la piel del león, sus cabezas encajadas en las del animal, por que se preciaban descender de un león. Otros traían las de un ave muy grande, que llaman Cúntur, puestas a las espaldas, como las que pintan a los ángeles; porque se precian descender de aquella ave. Y así venían otros con otras divisas pintadas, como fuentes, ríos, lagos, sierras, montañas, cuevas, porque decían que sus primeros padres salieron de aquellas cosas. Traían otras divisas extrañas, con los vestidos chapados de oro y plata. Otros con guilnardas de oro y plata… (Garcilazo de la Vega, Inca 1944: 185).

Estas formas de expresarse en las procesiones religiosas católicas hacia los primeros años  de la conquista aún reproducían mucho de las costumbres de los pueblos andinos antes subordinados al Imperio del Tahuantinsuyo, como refiere Flores Ochoa: “en las primeras procesiones del Corpus Christi participaron más de un centenar de imágenes traídas de las poblaciones de fundación hispana que fueron surgiendo en la sierra, como Huamanga, o de lugares lejanos como Quito o Tucumán. Como se puede observar, la ciudad del Cuzco continuó siendo un lugar central, convergente y mantuvo su carácter ritual y privilegiado entre las demás ciudades del territorio” (Flores Ochoa 1994:39)
La festividad del Corpus Christi cuzqueño, descrito por el Inca Garcilazo de la Vega  evidencia el papel del Cabildo y la Iglesia en la puesta en marcha de la fiesta de Corpus y de los actores sociales que se desplegaban en ella:
“El cabildo de la Iglesia y el de la ciudad hacían por su parte lo que convenía a la solemnidad de la fiesta. Hacían un tablado en el hastial de la Iglesia, de la parte de afuera, que sale a la plaza, donde ponían el Santísimo Sacramento en una muy rica Custodia de oro y plata. El cabildo de la Iglesiase ponía a la mano derecha, y el de la ciudad a la izquierda. Tenia consigo a los incas que habían quedado de la sangre real, por honrarles y hacer alguna demostración de que aquel Imperio, era de ellos…. (Garcilazo de la Vega, Inca 1944: 185).

La Crónica de Garcilazo de la Vega hace referencia a la presencia durante la fiesta del Corpus de los indígenas quienes participaban desde cada uno de sus repartimientos, quienes desfilaban con todos sus familiares cantando en su propia lengua para diferenciarse así de las múltiples naciones indígenas que asistían a la Fiesta del Corpus, llevando sus tambores, flautas y demás instrumentos musicales, según Garcilazo:
Entraba cada nación por su antigüedad (como fueron conquistados por los Incas), que los más modernos eran los primeros, y así los segundos y terceros, hasta los últimos que eran los Incas. Los cuales iban delante de los sacerdotes, en cuadrillas de menos gente y más pobreza, por que habían perdido todo su Imperio, y sus armas y heredades y sus haciendas particulares. Así era como celebraban los indios y españoles la fiesta del Santísimo Sacramento en el Cuzco. (Garcilazo de la Vega, Inca 1944: 186).

La descripción de Garcilazo constituye uno de los testimonios más antiguos sobre la Fiesta del Corpus Christi, descripción que plasmaría sus propios recuerdos de niñez. Pero también y de forma clara el papel que jugaba la representación del Corpus para de manera pedagógica lleva a pensar al niño de una manera.
La misma solemnidad habrá ahora y mucho mayor, porque de aquella guerra, que se acabo al final del año de mil quinientos y cincuenta y cuatro han sucedido cincuenta y siete años de paz, hasta el presente, que es de mil seiscientos y once, cuando se escribe este capítulo.
Dícenme que en estos tiempos alargan la procesión ó viaje della dos y tantas más que solía andar, por que llegan hasta San Francisco y vuelven a la Iglesia por muy largo camino; entonces no andaba más que el cerco de las dos plazas, Cusipata y Huacaypata. Sea la Majestad Divina loada, que se digna de pasearlas, alumbrando aquellas gentes y sacándoles de las tinieblas en que vivían.(Ibíd.).

Finalmente podemos destacar la política en materia religiosa desplegada por Virrey Toledo, quien buscó convertir la fiesta del  Corpus Christi en una de las principales en todo el Perú Colonial, mediante su reproducción en cada Junio, buscando  desplazar de la memoria del mundo andino una de sus fiestas importantes, el Inti Raymi.
Para llevar a cabo todo esto Toledo realizó un cambio significativo en la forma de llevarla a cabo[15], ordenando que
“...el Corpus se celebrara en cada provincia y en consecuencia que ya no se enviaran desde allí representaciones alegóricas a las ciudades. En adelante los indios deberían asistir con sus andas divididos en parroquias” (Lazo Carlos 1981:222).

La fiesta del Corpus fue organizada para contar con la multitudinaria participación de los indígenas, con un claro objetivo de buscar su  “adoctrinamiento” y reemplazar sus “idolatrías”.
Debido a ello las medidas adoptadas por Toledo, buscaron conjugar opuestos – integración y exclusión, reproduciendo espacios de control, de estratificación y de sociabilidad, y recreando un sistema de vida y una arquitectura social conforme a la cosmovisión hispana (Valenzuela M., Jaime 2001:23)

 Al desplegar efectivos mecanismos de control social en los sectores sociales dominados, hicieron de la religión uno de sus principales instrumentos para convertir a los indígenas, fieles vasallos del rey en siervos resignados a su nueva situación social.



CONCLUSIÓN
El análisis de los elementos que integran la hipótesis, hace posible considerar su demostración, que la convierte en conclusión: “El profundo contenido político colonial, el deseo de desplazar la festividad andina del Inti Raymi y la búsqueda de una mayor feligresía hacia la religión católica, hicieron de la Fiesta del Corpus Christi, una de las principales movilizaciones festivas del Cuzco Colonial durante los siglos XVI y XVII al servicio de los intereses de la Corona Española”



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[1] Al respecto Vilar menciona “El historiador es un físico no un experto. Busca la causa de la explosión en la fuerza expansiva de los gases, no en la cerilla del fumador” (1980:23).

[2] A una conclusión análoga llegó en el  análisis de las Fiestas,  Jaime Valenzuela en su libro “Las Liturgias del Poder. Celebraciones Publicas y estrategias persuasivas en Chile Colonial (1609 – 1709)” quien menciona: “La dominación hispana, conjugando opuestos – integración y exclusión, el “otro” semejante y el “otro” diferente -, reproduciendo espacios de control, de estratificación y de sociabilidad, va a intentar recrear un sistema de vida y una arquitectura social conforme a su propia cosmovisión” (Valenzuela M., Jaime 2001:23)
[3] Con respecto a la fiesta del Intirraimi Waldemar Espinoza señala: “La preparaban y la presidía el sapainca mismo con presos ayunos consistentes en la abstención de sal, ají, chicha y sexo. Antes de que amaneciera ya estaba en la plaza principal, invadida por las panacas o ayllus reales. Al rayar el alba, el soberano de pie y tomando un Quero de oro ofrecía al Sol un brindis de yamor (chicha preparada por las huairuro acllas). Sacrificaban llamas especiales, a las que quemaban en hogueras encendidas mediante los reflejos del sol en un espejo concho en el que metían estopas de algodón. Ese mismo fuego sagrado se lo recogía por los sacerdotes para conservarlo en el templo todo el año, alimentándolo con combustible sin cesar” (Waldemar Espinoza 1997: 329).

[4] “..al caer en los meses de siembre, coincide con la época en que los ritos imperiales andinos se ejecutaban ara la misma fecha (que el Corpus), aunque eran una consecuencia de las fiestas de la cosecha y su almacenaje. Por lo tanto, Corpus no reemplazo simplemente a la fiesta del Sol, e Intirraimi, sino también a todo el periodo en que se llevaban a cabo dichas fiestas, que abarcaría desde mayo a junio del calendario occidental.” (Ibíd.)
[5] Según Dolores Noguera en “Elementos Teatrales del Corpus Madrileño en las ultimas décadas del siglo XVI”, nos menciona: “La festividad del Corpus Christi se remonta a la Edad Media, cuando se extendía en Europa la herejía eucarística. En Lieja (Bélgica) empiezan los cultos en 1230. El Papa Urbano IV los hace extensivos a toda la Iglesia en el año 1261 mediante la Bula Transiturus de hoc mundo.” (Noguera Dolores 2003: 567).
[6] “La primera noticia conocida de la celebración solemne del corpus Christi en Lima se remonta a 1541. En aquella memorable ocasión, en que el cortejo iba presidido por Francisco Pizarro, acaso luciendo la capa que le enviara Hernán Cortéz desde México...” (Guillermo Lohmann Villena 1994: 16)
[7] Según García García Bernardo en su obra “Fiesta Popular” menciona: “La procesión venia precedida por la imagen del pecado que encarnaba la tarasca, un gran bicho en forma de dragón o serpiente montado sobre un carro y confeccionado con madera, pasta de papel y tela, sobre el que había músicos, gigantonas, enanos monos, y otras variadas figuras. Le seguían grupos de gigantes y una serie de danzas representadas (con escenas bíblicas, mitológicas e históricas), danzas tradicionales (de espadas, moros y cristianos, de lazos y enramadas,..), danzas de música interpretando breves conciertos, y danzas mas exóticas (de negros, indios, de turcos). Esta parte se cerraba con los carros en lo que marchaban los comediantes religiosos del cortejo que seguía este orden: un grupo de niños huérfanos los pendones y cruces de las cofradías y parroquias, con una representación de las ordenes religiosas y los hospitales hasta llegar a cruz de la capilla real, que venia acompañada por sus cantores, ministriles y curas beneficiados. La parte principal de la procesión la ocupaba la custodia del Santísimo Sacramento que iba precedida por doce pajes y en hombros de distintos prelados junto con los capellanes del rey. A ambos lados, se colocaban los miembros de los concejos. Inmediatamente detrás marchaban los mayordomo y grandes, y el monarca con los miembros de su familia por delante de los embajadores residentes en la corte escoltados en semicírculo por la guardia de los archeros de corps. ” ( García García Bernardo : 190)
[8] Según Dean Carolyn, en su libro “Los Cuerpos de los Incas Y el Cuerpo de Cristo. El Corpus Christi en el Cuzco Colonial” señala: “Las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles, promovieron esta fiesta no solo por que es la única en la cual Dios esta literalmente presente en la comunidad, sino por que el Corpus brindaba un foro festivo en el cual las personalidades prominentes de la comunidad y los grupos corporativos “ponían en escena” su estatus privilegiado…” (Dean Carolyn 2001:31)
[9] “El Corpus Christi, fue instituido por el Virrey Toledo en 1572 en sus celebres Ordenanzas, dotada de ese vigor y movimiento, de esa luz y colorido con que nos ha llegado hasta la actualidad. Claro esta que esas pragmáticas sobre el “ Corpus Christi” que aquel dio durante su estado  en el Cuzco con detalles tan singulares, fue mas por razones de gobierno que por simple espíritu religioso” (Huayhuaca Villa Sante 1988: 50)
[10] Según Leontina E. Tchelecu en su artículo “Diversas Forma que Adopta la Religión Andina Yuxtaposiciones Peligrosas”, la religión incaica actuaba de garante de la estructura imperial basada en la producción de excedentes que elaboraban las múltiples etnias asimiladas. Por eso el culto se trasformó en una actividad publica fundamental en la que participaban las deidades, las autoridades y las diferentes comunidades que formaban el imperio; se trataba de homogenizar culturalmente la multiplicidad étnica a través de la religión”
[11] “..al caer en los meses de siembre, coincide con la época en que los ritos imperiales andinos se ejecutaban ara la misma fecha (que el Corpus), aunque eran una consecuencia de las fiestas de la cosecha y su almacenaje. Por lo tanto, Corpus no reemplazo simplemente a la fiesta del Sol, e Intirraimi, sino también a todo el periodo en que se llevaban a cabo dichas fiestas, que abarcaría desde mayo a junio del calendario occidental.” (Ibíd.)
[12] Según García García Bernardo, en su articulo, “Fiesta Sacramental y Religiosa” refiere: “La procesión venia precedida por la imagen del pecado que encarnaba la tarasca, un gran bicho en forma de dragón o serpiente montado sobre un carro y confeccionado con madera, pasta de papel y tela, sobre el que había músicos, gigantonas, enanos monos, y otras variadas figuras. Le seguían grupos de gigantes y una serie de danzas representadas (con escenas bíblicas, mitológicas e históricas), danzas tradicionales (de espadas, moros y cristianos, de lazos y enramadas,..), danzas de música interpretando breves conciertos, y danzas mas exóticas (de negros, indios, de turcos). Esta parte se cerraba con los carros en lo que marchaban los comediantes religiosos del cortejo que seguía este orden: un grupo de niños huérfanos los pendones y cruces de las cofradías y parroquias, con una representación de las ordenes religiosas y los hospitales hasta llegar a cruz de la capilla real, que venia acompañada por sus cantores, ministriles y curas beneficiados. La parte principal de la procesión la ocupaba la custodia del Santísimo Sacramento que iba precedida por doce pajes y en hombros de distintos prelados junto con los capellanes del rey. A ambos lados, se colocaban los miembros de los concejos. Inmediatamente detrás marchaban los mayordomo y grandes, y el monarca con los miembros de su familia por delante de los embajadores residentes en la corte escoltados en semicírculo por la guardia de los archeros de corps. ” ( García García Bernardo : 190)
[13] Al respecto Waldemar Espinoza, en su libro “Los Incas. Economía Sociedad y Estado en la Era del Tahuantinsuyo” menciona: “El cusco también era la llacta de las continuas fiestas…Las 12 festividades eran solemnes y multitudinarias, bien que habían dos, las del Intiraymi (junio) y Cápac – raymi (diciembre), que por estar dedicadas al sol cobraban mucha relevancia….en las dos festividades rimbombantes la gente bebía sin parar, mientras el soberano redistribuía regalos” (Espinoza W. 1997:329).

[14] Como lo refiere Guillermo Lohmann Villena, en su articulo El Corpus Christi, Fiesta Máxima del Culto Católico “ cuando menciona “...el cabildo actuaba como promotor, confiando a los alcaldes en un principio y mas tarde a los fieles ejecutores de turno, cuando no a comisarios especialmente designados, ocuparse en todo lo concerniente a la articulación del conjunto de actos, eran los gremios los que aportaban su contribución ya económica, ya en números de divertimiento, al mayor fausto del espectáculo ( Lohmann Villena Guillermo 1994:13)
[15] “El Corpus Christi, fue institucionalizado por el Virrey Toledo en 1572 en sus célebres Ordenanzas, dotada de ese vigor y movimiento, de esa luz y colorido con que nos ha llegado hasta la actualidad. Claro está que esas pragmáticas sobre el “ Corpus Christi” que aquel dio durante su estado  en el Cuzco con detalles tan singulares, fue más por razones de gobierno que por simple espíritu religioso” (Huayhuaca Villa Sante 1988: 50)

SEPARATA 05 CICLO REPASO UNMSM

HISTORIA UNIVERSAL 01.    La característica principal del Humanismo es: a)        Su sentido crítico hacia la religión y hacia Di...