ENTREVISTA A WALDEMAR ESPINOZA: MAESTRO, INVESTIGADOR Y HOMBRE DE SU TIEMPO
“La presencia del pueblo en la historia, por consiguiente en el análisis histórico, es una concreción, que permite humanizarla; porque rescata del olvido intencional a seres humanos con sentimientos y objetivos de su época, con motivaciones para asumir opciones y realizarlas en determinados momentos de su vida y la de sus pueblos”. Jorge Mariano Cáceres Olazo– Monroy
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA SOCIAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA SOCIAL. Mostrar todas las entradas
lunes, 16 de enero de 2017
viernes, 15 de febrero de 2013
EL BANDOLERISMO SOCIAL COMO EXPRESIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL: LA COSTA CENTRAL DEL PERÚ COLONIAL (1800 – 1815)
“La costa central se caracterizó por la presencia de haciendas que producían productos
de pan llevar y también caña de azúcar y otros cultivos que eran trabajados
principalmente por esclavos, hacia inicios del siglo XIX la crítica situación
económica que vivía la economía colonial envuelta en una crisis estructural que
había buscado por múltiples mecanismos reflotar esa situación estaba condenada
a su colapso..
Lic. Luis Alberto Rivera H.
(betorh58@hotmail.com)
La estructura social colonial descansó
sobre profundos mecanismos de diferenciación. Estos encontraron su expresión en
complejas relaciones de clases, castas y estamentos[1].
La posición que cada uno de los sectores sociales tuvo en la sociedad,
entendiéndose ésta como una relación no sólo entre los miembros de un sector
social, sino en la relación que mantuvieron con los otros sectores, explica su
accionar como grupo social.
Cabe advertir, que estas relaciones entre
los diversos sectores sociales, dieron lugar a complejos mecanismos de control
social[2],
por parte de los grupos de poder, los cuales buscaban “mantener la relación social de dominio que satisficiera las
ambiciones económicas de un estado metropolitano y sellara su compromiso de
clase con los grupos señoriales americanos (...)” (Lazo, 1981:13).
Como en toda sociedad, estos mecanismos de
control social, tuvieron como principal objetivo, el conservar y acrecentar el status
de privilegio del grupo dominante, para disponer, con seguridad, del trabajo
siervo – esclavo (Lazo, 2007:75).
Pero también es pertinente advertir, que estos
mecanismos no son
monolíticos, es decir, presentan fisuras las cuales permiten que “los de abajo”
puedan actuar en defensa de sus intereses. Las manifestaciones de protesta
popular, entre ellas el bandolerismo social, constituyen una expresión de estas
fisuras.
Durante la colonia, las clases dominadas llevaron a
cabo de forma intensa y permanente, un conjunto de expresiones, que fueron
respuesta de los sectores dominados a la explotación. Una expresión del descontento social, fue el cimarronaje[3] y el bandolerismo social[4]. Ambos expresan y ponen en evidencia, una forma
de respuesta asumida de los sectores dominados,
pero que en ellas se encontraban en diversos grados, la alienación que
habían instaurado los mecanismos de control social (Lazo, 2007: 78).
Por un lado, el cimarronaje[5]
pudo existir y desarrollarse gracias a que los mecanismos de control ideológico
por parte de los españoles no tuvieron la eficacia pretendida[6].
Los
esclavos, pese a estar alejados de sus originales espacios culturales pudieron,
en alguna medida, conservar la aspiración de mantener una vida alternativa a la
de la hacienda. Por otro lado, el mismo hecho de que fuera frecuente el escape
de las haciendas, tanto para constituir palenques y vivir oculto en la maleza
costera, como para introducirse en la ciudad sin poder ser detectado, evidencia
que los mecanismos de control social durante la colonia mostraban bastante
ineficacia.
En la
perspectiva de Victoria Espinoza (1988), la costa central evidenció esta
ineficiencia en los mecanismos de control en el amplio espacio social costero dado
que:
(…) los caminos de acceso a las zonas urbanas porque fluían los
productos del campo a la ciudad y de ésta a aquel, fueron los lugares más aptos
para la incursión de bandoleros lo que se agravaba en gran parte por la escasa
vigilancia de que eran objetos por parte de las autoridades al no existir los
efectivos necesarios y suficientes. Allí los bandoleros podían obtener lo que
les hacía falta para satisfacer sus necesidades por un consumo directo o a
través de la comercialización de lo obtenido. El escaso desarrollo de los
caminos y carreteras en la colonia facilitaron dichas incursiones (…). (Espinoza,
1988:102).
Para el virreinato peruano, las dos primeras
décadas que trascurren desde 1800 hasta la obtención de la independencia
política (1821), constituyen una fase de evidente intranquilidad social,
concretizada en el surgimiento de una gama diversa de movimientos rebeldes que
en mayor o menor medida cuestionaron el poder político hispano (Seiner, 1989:
85).
Sin embargo, los esclavos, al tener sobre
sí mecanismos de control social poco eficaces, además de estar disgregados a lo
largo de algunos valles de la costa, y desarrollar actividades disímiles,
también desarrollaron acciones sociales que no tuvieron un alcance cuestionador
frente al sistema feudal colonial.
Gráfico 09
La mano de
obra esclava se constituyó en un importante grupo humano, actor de suma
importancia en el espacio social de la costa central, principalmente usado en
las actividades agrícolas y serviles. Cuando escapaban de las haciendas, se
convertían en los famosos cimarrones y alternaban sus actividades con acciones
como el bandolerismo.
El bandolerismo[7]
social, como expresión del movimiento social, se constituyó en una tipología de
protesta individual, por parte de los sectores dominados, en su lucha por amenguar el grado de explotación, al que los
sectores dominantes los tenían sometido
(Lazo, 1981).
En palabras del historiador
Carlos Aguirre, el bandolerismo durante el siglo XIX fue una expresión del
movimiento popular que:
(…)
corresponde a la plebe, este sector heterogéneo que poblaba Lima y sus alrededores.
Los bandidos eran hombres, de las clases bajas, mayormente castas, que como
mencionamos antes quiere decir ni indio ni español (…) accionaban sobre todo en
los valles costeños y se movilizaban bastante entre el campo y la ciudad.
Aunque atemorizaron a las clases populares, el contenido de sus acciones (…)
termina en una cierta esterilidad (…) (Aguirre, 1989: 123)
Alberto
Flores Galindo (1984), para el caso del Perú Virreinal, caracterizó al bandolerismo como forma de protesta
social de los sectores dominados, el cual hacia fines del siglo XVIII e inicios
del siglo XIX presentó un carácter epidémico, ya que transitar por la costa
central del Virreinato Peruano se convirtió en un verdadero riesgo para los
comerciantes o viajeros que frecuentaban esta región. Aún más, existe el
peligro latente que “los bandidos ingresen a Lima”, este miedo tiende a la
exageración haciendo que al interior de la aristocracia limeña su miedo a la
plebe constituye su mayor temor oculto. Así mismo ha destacado la relación
entre el cimarronaje y el bandolerismo social experimentado hacia fines del
siglo XVIII e inicios del siglo XIX:
Por otro lado, los cimarrones tenían
que subsistir de alguna manera y para ello el monte era poco pródigo, de manera
que sólo quedaba asaltar a algún viajero o robar en las haciendas. Es así como
forzosamente hubo una estrecha relación entre cimarrones y bandidos. (Flores, 1984:
117-118).
El bandolerismo social se presentó para el
Perú Colonial como expresión de protesta de los sectores dominados bajo un
contexto histórico determinado que hace que dicho fenómeno tenga un carácter
endémico – epidémico.
Endémico, porque de modo latente se
presentó inserto en el desarrollo histórico social a través de casos
periódicos, aislados individuales y de poca relevancia manteniéndose como un
hecho permanente que sólo encuentra explicación en las contradicciones de la
estructura del sistema económico social. Epidémico debido a que se
intensifica respondiendo a causas coyunturales específicas (crisis periódicas,
producción decreciente, crisis de descomposición etc.) terminadas las cuales
tiende a volverse endémico.
El bandolerismo social como forma de
respuesta de los sectores dominados en el Perú colonial, presentó un carácter
epidémico[8]
en la costa central durante los años de 1800 – 1815, periodo donde el índice de
criminalidad aumentó de manera significativa, consecuencia del incremento en
los niveles de explotación, producto a su vez de la descomposición y colapso
del modelo colonial español.
Las
Reformas Borbónicas ejecutaron medidas administrativas[9] que
debilitaron los viejos mecanismos de control social, pero por otro lado, en su
deseo de aumentar la recaudación presionaron al aparato productivo. En palabras
de Carmen Vivanco (1990) la presión sobre el aparato productivo se evidenció
cuando:
(…)Los
índices de las curvas de Novenos Reales reflejan una caída lenta en la producción
agraria desde mediados del siglo (XVIII), lo que gravitó negativamente en la
situación económica tanto del propietario
- hacendado como de los trabajadores dependientes(…) Esta situación poco
favorable que vivió parte de la
población media limeña trajo consigo una mayor presión sobre el trabajador doméstico
(esclavo y/o siervo) a fin de obtener un mayor rendimiento y así poder cubrir
sus necesidades de consumo. Es entonces que dicha mano de obra, para liberarse
de esa situación de sobre explotación
opta por el bandolerismo u otro mecanismo de respuesta como el robo o la simple
huida. (Vivanco, 1990:43).
Debido
a que el aparato productivo no estaba en condiciones de realizar una mejora
sustantiva en la productividad de las haciendas, aumentó la presión sobre los
sectores explotados. Ello abrió un escenario en el cual aumentó el descontento
frente al sistema[10];
pero por otro lado, se debilitan los mecanismos de control social permitiendo
el desarrollo del bandolerismo social a niveles epidémicos.
Es la estructura de los valles de la costa[11]
ciertamente distinta de la estructura social que se puede apreciar en el sur
andino. En la costa central la heterogeneidad social y cultural, además de la
distribución poblacional y económica de la población impidió que se pudiera
construir un proyecto masivo y de amplio alcance espacial como respuesta frente
al sistema.
Así, mientras que la expresión de la crisis del modelo colonial se
mostró con una gran movilización de amplios objetivos y alcance demográfico y
geográfico en el sur andino; en la costa, se pudo apreciar con movimientos que
buscaban adaptarse al sistema a partir de las fisuras que evidenciaban los
sistemas de control social. Flores Galindo, sostiene que:
El
bandolerismo, a diferencia de los palenques, no será sólo una expresión negra
del malestar social; por el contrario (…) las bandas tendrán una composición
pluriétnica (…)El ideal de recuperar la vida africana no consigue un sustento
sólido, porque por entonces se ha perdido el parentesco tradicional, casi no se
utilizan las lenguas aborígenes, mientras se incrementa paralelamente el
mestizaje con los otros grupos étnicos de la colonia(…)Fue un camino diferente
del que contemporáneamente siguieron los campesinos andinos: en la sierra,
especialmente en el sur y desde la segunda mitad del siglo, los motines rurales
se convierten en rebeliones que, a su vez, culminan en revoluciones como las de
Túpac Amaru II ( 1780) y los hermanos Angulo ( 1814). (Flores, 1984: 120).
El bandolerismo social, como fenómeno
social en palabras de Hobsbawm (2003) desafía
simultáneamente al orden económico social y político, allí radica su
complejidad.
En el plano económico, el fenómeno del bandolerismo permitió la
recreación de un circuito económico alterno al dominante, desde el cual se
movilizaban los sectores marginales de la sociedad, la apropiación de bienes de
los grupos dominantes o sus aliados fue una constante de sus acciones.
Para el
caso especifico del mundo colonial, Carmen Vivanco (1990) menciona:
(…) lo económico en el bandolerismo está
presente tanto en sus motivaciones de sobrevivencia como en la conformación del
status y en sus fines. En sus motivaciones por cuanto todos los sectores
sociales de la clase dominada que optaban por esta forma de lucha popular
demostraban con dicha actitud su disconformidad con los desniveles económicos
en el sistema social del que formaban parte (…) Otros, eran hombres de oficio
conocido (como artesanos, zapateros, sastres, etc.), pero la falta de trabajo
los obligaba a ocuparse en cualquier cosa que se les presentase. Muchas veces
al no ser ello suficiente para mantenerse optaban por “saltear” caminos como
actividad complementaria (…). (Vivanco, 1990:35).
En el ámbito social sus delitos tuvieron
como elemento nutriente el descontento popular[12], por
ello, cuestionaron no sólo el orden social vigente sino incluso algunos se
levantaron y fungieron de autoridad paralela al orden establecido en algunos
lugares, ejerciendo la autoridad de áreas donde tenían soberanía, por la
ausencia del poder colonial[13].
El cuestionamiento de la clase dominante y sus sectores aliados hicieron
de su protesta una protesta con embrionario contenido político, no cuestionando
el orden existente, no pidiendo al cambio del sistema o la ruptura del orden
colonial de forma directa o explícitamente, sino cuestionando a las autoridades
locales y del valle y por ende cuestionando indirectamente el engranaje
político colonial.
[1] “(…) Por el principio
estamental se estableció una clasificación social a partir de valorizaciones
ideológicas y jurídicas, destinadas a destacar tanto posiciones de prestigio
como estados correlativos de “calidad no distinguida”; los unos gozando por su status de derechos y
deberes privilegiados, y los otros careciendo de prerrogativas (…) la estratificación
por casta contemplaba una diferenciación por caracteres étnico culturales,
comúnmente denominados “cualidades del linaje”. En esta diferenciación,
indicaba diferencias el color de la piel (…) la estratificación por clases
sociales sostenía una división social basada
en un criterio económico, que el lenguaje de la época se traducía en la
posesión de riquezas (propiedades y rentas)”. (Lazo, 2007:42- 44).
[2] “(…) El mecanismo de
control social resultante en apariencia obedecía a una exclusiva programación
estatal de colonización (…) Por medio de esta integración e instrumentando
elementos culturales hispánico – andinos se indujo al establecimiento de
relaciones socializadoras señoriales – serviles que caracterizaron a las
instituciones sociales tanto como a las costumbres, los hábitos y en general a toda relación de sociabilidad
por más trivial que fuese.”(Lazo, 2007:45).
[3] En Palabras de Victoria Espinoza (1988) “los negros cimarrones eran los
esclavos que se evadían de sus centros de trabajo e intentaban llevar una vida
libre y preservar en lo posible su identidad cultural en los asentamientos en que
se establecieron” (Espinoza, 1988:30).
[4] Para Carlos Lazo
García el bandolero social del periodo colonial era: “(…) la actitud de éste
remedaba a la de un señor rico y virtuoso, dispuesto a remediar entuertos,
aunque para hacerlo tuviera que enfrentarse a otro del mismo rango. Como señor
de facto desafiaba a los señores de derecho. Estos últimos por su parte lo
calificaban como el más grande delincuente, contribuyendo sin proponérselo a
incrementar el mito en torno a su persona. Los oprimidos lo ayudan dándole
información y protección cuando las necesitaba” (Lazo, 1981:297).
[5] “Las noticias de
cimarrones en nuestro territorio son tan antiguas como la presencia de esclavos
negros y de españoles que, debe recordarse, trajeron a los primeros (…) Al
cimarronaje se le trato de controlar desde un comienzo de la conquista y con
distintos métodos (…) ya en 1535 los funcionarios de Lima reglamentaron que el
esclavo que huyera por más de seis días debería perder la vida (…)” (Rodríguez
1991: 131 – 132).
[6] Para Carlos Aguirre:
“(…) el propósito de domesticar a los esclavos indóciles a través del ejercicio
de la violencia conllevaba también un efecto inverso: estimulaba la violencia y
generaba respuestas contrarias a las esperadas (…)” (Aguirre, 1988:34).
[7] “(…) la sociedad
utiliza distintos recursos lingüísticos: adopta palabras ya conocidas,
adecuándolas al nuevo significado, crea otras o las toma prestadas de lenguas
cercanas. En el caso del bandolerismo, no se puede hablar estrictamente de
hechos desconocidos en España, pero sí de circunstancias especiales que
explican la aparición en el siglo XVI – y su generalización en poco tiempo – de
las palabras bandoleros y bandidos. Hasta entonces, voces como ladrón,
malhechor y salteador de caminos habían servido para cubrir las necesidades de
comunicación; a partir del siglo XVI, estas nuevas palabras irán concretando y
ayudando a fijar la figura de unos hombres cuya situación está determinada por
las condiciones históricas, sociales y hasta geográficas del medio en que viven
(…).( Álvarez y García, 1986:1).
[8] El bandolerismo
presentó una recurrencia epidémica, cuyo indicador expresó una anomalía social
propia de una sociedad en descomposición. En palabras de Moran Daniel (2007): “(…) Y si queremos más pruebas documentales, lo podemos encontrar en el Archivo
General de la Nación de Lima. Allí, una muy buena cantidad de expedientes de
Causas Criminales de la Real Audiencia corroboran nuestras afirmaciones. No
solamente, las partes aledañas de la Ciudad de los Reyes estaban cercadas por
la delincuencia urbana, también los asaltos en los caminos de las regiones del
virreinato eran constantes. Así, entre 1808 y 1815 hemos contabilizado
aproximadamente 20 expedientes que se refieren a los famosos asaltos en los
caminos. En el Callao, en Chincha, en la costa norte y sur,
y en la parte central del virreinato dichas acciones ocurrían unas tras
otras.”(Morán, 2007: 54).
[9] “Las reformas
borbónicas aplicadas en América tenían como objetivo terminar con los
privilegios particulares y centralizar en la metrópoli los beneficios de las
colonias. A esto apuntaron, fundamentalmente, la creación de los nuevos
virreinatos de Nueva Granada (1739) y el del Rio de la Plata (1776). Ese
recorte territorial del virreinato peruano, junto con la introducción del
sistema de intendencias y la implementación del Reglamento de Libre comercio de
1778, afectaron a la elite mercantil limeña, debido a que le restaron poder
político y por consiguiente económico al causarle la perdida de los privilegios
del monopolio. (Mazzeo, 1999: 25 – 26).
[10] “(…) El homicidio social, el vagabundaje, el bandolerismo, el
pandillerismo urbano, los palenques, los motines, etc. Todo ello tenía su
sustento en el creciente malestar social prevaleciente en la época colonial. La
relación de estas manifestaciones de delincuencia y violencia urbana y rural obedecía a factores de índole económica. Por
aquel motivo, las reformas borbónicas habían originado aquellos cambios en la
cotidianidad de la ciudad de Lima colonial.
Entonces, entre las consecuencias de dichas reformas, que nos interesa
destacar aquí, se produce el incremento del desempleo urbano: “El aumento de la
vagancia y la delincuencia: Los robos que entre 1710 y 1730 representaban el 3%
de los delitos, pasaron a constituir entre 1770 y 1790, el 47% de estos hechos
punibles.” (Morán, 2007: 49 – 50).
[11] En lo referente a los
valles de la Costa central, la tenencia promedio de la tierra, no fue la
plantación azucarera sino la chacra con policultivos y con una pobre
tecnificación, en palabras de Flores Galindo:
“(…) En Chancay, Huacho, Nepeña y Santa, se repetía la asociación entre
caña de azúcar y grandes haciendas, junto a medianas propiedades y chacras para
forraje, persistiendo reductos de propiedad campesina alrededor del maíz:
contrapunto entre la agricultura de exportación y los cultivos destinados al
mercado local”. (Flores, 1984: 40).
[12] “Aquellos que se
reconocían en igual condición social de aquel que se hacía bandolero, lo
apoyaban y protegían, reconociendo como suya dicha forma de rebeldía y al
bandolero como a un “héroe”, capaz de enfrentarse al señor (llámese hacendado,
minero, funcionario, etc.) en el terreno de los hechos y demás como ayudaba a
los de su misma condición social, lograba con ello ese apoyo que se traducía en
ayuda ya sea escondiéndolo de la justicia o proporcionándole alimentos,
alojamiento, etc.” (Vivanco,
1990:35).
[13] Un caso que ubicamos
en los expedientes revisados es sobre Pedro Espinoza, alias “Periquillo” un
negro esclavo de Palpa, Ica, el cual según una declaración : “ (…) es tan malo el
negro Periquillo que no le halla cotejo, pues le ha asombrado el teson de este ladron
a este vecindario sin reserva de personas, llegando a tal su insolencia que no
solo se contentaba con tomar lo ajeno, sino con atropellar con armas a toda
persona, de modo, que se havia hecho el temor de las gentes, que desde que este
negro se ha exercitado en robar, es conocida la ruina del pueblo sin querer
entrar marchantes con viveres, porque a todos los tiene auyentados, que al
declarante le robo dos caballerías (…)” ( Causas Criminales, AGN, Leg 95 C
1169, 1802)
jueves, 14 de febrero de 2013
EL MOVIMIENTO CLASISTA DE CHICLAYO (1920 – 1932): A PROPÓSITO DEL PROBLEMA DE LA CRIMINALIZACION DE LA PROTESTA POPULAR
Lic. Luis Alberto Rivera
(betorh58@hotmail.com)
“….el movimiento popular está saliendo
del repliegue político general. Al salir se encuentra con una burguesía
extremadamente reaccionarizada que no permite ni siquiera la viabilidad de su
democracia burguesa, sino ejerce dictadura de clase abierta con el recurso de
declarar cualquier asomo de protesta popular con el epíteto de terrorismo y
justificar así la represión sanguinaria a los que somete al pueblo en su
conjunto. Debemos bregar con mayor decisión por la democratización de esta
sociedad peruana, por la defensa de los derechos fundamentales de las personas
y para ello necesitamos entrar a la guarida y usando sus micrófonos gritarles y
enrostrarles las miserias materiales y morales en las que tiene sumidos al
pueblo” (Vórtice, No3, 2006, pp.3)
A fines de la última década del siglo XX, el
movimiento popular en el Perú, inició la superación del repliegue político
general en que se encontraba, ello se concretiza en las acciones y luchas que
desarrolla el pueblo, y que hasta la actualidad (2009) demanda la forja de una
dirección que brinde orientación y perspectiva al movimiento popular.
Esta dirección es imperativa construir,
fundamental para otorgar cohesión y sentido a las luchas del pueblo; sin
dirección, las movilizaciones y luchas, son movimientos espasmódicos
rápidamente reprimidos y desarticulados por las clases dominantes. Por ello una
dirección nunca debe improvisarse, necesita tiempo para consolidarse y se forja
siempre en lucha de clases, al interior del movimiento popular.
Partiendo de esta premisa, fue la lucha de
clases, en las primeras décadas del siglo XX, donde se gestó las condiciones
concretas para que José Carlos Mariátegui forme el partido del proletariado,
dotando de orientación marxista leninista al movimiento popular, con el
objetivo de dirigir y conducir las masas hacia la toma del poder.
La creación del Partido Comunista del Perú
(PCP), y la conformación de una dirección, bajo los lineamientos de Mariátegui,
hicieron posible que el proletariado se reconociera no sólo como clase social
diferente a la explotadora, sino también como la llamada a realizar la
transformación social, es decir se elevó de una clase en si hacia una clase
para sí.
La segunda década del siglo XX, marcó el auge
del movimiento popular, obreros, campesinos y sectores medios urbanos y
regionales, hicieron frente en un primer momento a la “Patria Nueva”,
conformada por la burguesía financiera aliada del imperialismo y luego al
denominado “Tercer Militarismo”, que representaba la restauración en el poder
del sector terrateniente comercial aliado del imperialismo.
Hacia fines de 1929, los obreros de Chiclayo
desplegando nuevas formas de lucha y organización, conformaron luego de varios
intentos, la Primera Unión Sindical de Trabajadores de Lambayeque (USTL), en su
intento por articular de forma centralizada los diversos sindicatos conformados
en Lambayeque.
La creación de sindicatos en haciendas fue
vista como foco de organización y canal de reclamo frente a los hacendados; por
ello, utilizando la fuerza policial y autoridades asequibles a su poder
político, los hacendados, lograban ubicar, detectar y erradicar a los supuestos
“instigadores de malas ideas” ó “personajes dañinos a la tranquilidad del
pueblo”. Llegando al extremo, de expulsar a los implicados fuera del
departamento e “indisponerlos”, para que no sean recibidos en ninguna hacienda.
Esta forma represiva, es constante en el accionar del estado a lo largo de
nuestro proceso histórico; aun más acentuado cuando se pretende acallar los
planteamientos e ideales de liberación del pueblo peruano. ¿Acaso no es ese el
objetivo actual del estado peruano cuando criminaliza la protesta popular?
Sin embargo, la organización obrera en
haciendas como Cayaltí, Pucalá, Pátapo, etc. demostraba la necesidad de
organización de los obreros en Chiclayo, quienes empezaron a tomar conciencia
de su papel al interior del proceso histórico peruano. En una entrevista el
dirigente obrero Arbulú Miranda recordando ese momento mencionó “…Lucio
Benavente, fogoso polemista, militante sindical de marítimos y portuarios, y
José Azalde de tripulantes, explicaron que aquí en el departamento de
Lambayeque debería empezar una movilización de trabajadores para organizarse
sindicalmente. Traían la palabra de José Carlos Mariátegui. Se leyó en la
conferencia el comunicado este, entonces la masa allí presente ovacionó
tremendamente a estos dos delegados y la contestación fue esta ¡Vamos a organizar
la Unión Sindical¡ ¡Vamos a organizar los sindicatos¡.
Fue en este contexto que se emitió el decreto
del 28 de mayo (D.S.7166) , que prohibía y declaraba toda huelga ilegal,
produciendo la suspensión de garantías constitucionales en donde se
desarrollase; en ese momento se producían también huelgas y movimientos en
Cuzco, Arequipa, Mollendo y Talara.
Esta política de corte represivo desencadenó
el rechazo popular; en Lima se produjo una movilización de la FEP (Federación
de Estudiantes del Perú) en conjunto con los obreros, el 3 de junio de 1931. En
su afán de hacer frente a la movilización popular, el gobierno militar denunció “un
complot revolucionario”, con el objetivo de legitimar, una ley marcial, por la
cual las fuerzas armadas….durante la vigencia del estado de sitio podrán hacer
uso de sus armas para reprimir cualquier manifestación pública....”.
En Chiclayo, el desconocimiento de un acuerdo
firmado entre el sindicato de la hacienda Pátapo y sus propietarios, devino en
la arbitraria detención de los representantes del sindicato de Pátapo, contando
con la complicidad de la policía y del prefecto de Chiclayo.
En rechazo a esta política represiva se
produjo una movilización departamental, el 12 de Junio de 1931, que demandó la
puesta en libertad de los detenidos y movilizó 20 bases sindicales y gremios;
cumpliendo destacado papel los gremios de choferes y trabajadores del mercado
central de Chiclayo, participaron también los cañeros de Pátapo, Tumán y
Pomalca quienes se movilizaron en el tren recorriendo las haciendas.
Ante el desplazamiento de los huelguistas
hacia la ciudad de Chiclayo, el prefecto Hernán R. Delgado movilizó a miembros
del ejército para detenerlos y obligar a los trabajadores a regresar a sus
haciendas; ante la negativa de los obreros y su férrea resistencia, los miembros
del ejército ametrallaron a los obreros obligándolos a dispersarse dejando
algunos cadáveres (15 obreros aproximadamente).
En su informe el mayor Manuel Castillo, jefe
del batallón de seguridad del norte describió“...tome las disposiciones tácticas
para impedir el ingreso de las masas que venían de las referidas haciendas, las
que una vez en los alrededores de esta ciudad en número más o menos de 1200
hombres con machetes, calabozos, hoces, etc. y ostentando banderas rojas con
inscripciones comunistas trataron de hacer su campamento entre las líneas del
ferrocarril a Pomalca y el camino carretero a las haciendas”(Gómez Cumpa –Bazán
Inés 1989:189)
La respuesta represiva del estado, no sólo
consistió en la detención de los dirigentes sino también en la clausura del
principal vocero de los obreros (El Trabajador) como lo dejó en evidencia una
carta enviada por la administración de la hacienda Cayaltí en la cual “se
comunicó que el gobierno va a eliminar a todos los cabecillas y que se ha
clausurado el periódico…” (Huertas V.1974:189).
A
MANERA DE CONCLUSION
El movimiento sindical clasista en Chiclayo
durante las primeras décadas del siglo XX, logró articular amplios sectores
sociales, dotando de dirección clasista a las luchas de los obreros de las
haciendas de Chiclayo (Cayaltí, Tumán, Pátapo, etc.).
Fue en la segunda década del siglo XX que al
interior del movimiento popular a nivel nacional, surgió la necesidad de la
constitución de una dirección marxista leninista que se despliegue en nuevas
formas y responda a los problemas candentes del movimiento popular.
La caída del régimen de Leguía y el retorno
de la facción oligárquica (civilista) al poder, de manera abierta y expresa en
el denominado 3er. Militarismo, significó la instauración de una política
represiva; única vía por la cual optaba la facción oligárquica contra el
desbordante movimiento popular. En la actualidad una política represiva similar
es aplicada por la facción de la burguesía compradora a quien defiende y
representa el presidente Alan García.
El clima de confrontación política y
descontento social en Chiclayo tuvo su punto más alto durante las jornadas del
12 de Junio de 1931, cuando la gendarmería y el ejército iniciaron un proceso
de represión generalizada que buscó desarticular y dispersar al movimiento
sindical clasista en Chiclayo.
La conformación del Partido del proletariado
(1928) gestado al interior del movimiento popular para dirigirlo y
proporcionarle dirección marxista leninista marcó el punto más alto de
organización al que llegó el movimiento popular. Sin embargo, el proletariado y
su flamante partido recién iniciaban el largo camino hacia su objetivo final.
La prematura muerte de Mariátegui contribuyó a acrecentar los problemas de
dirección, que asociado a una incorrecta aplicación de la línea política, fueron
el aspecto principal en la derrota no sólo del movimiento sindical clasista en
Chiclayo, sino del movimiento popular en su conjunto.
Finalmente debemos mencionar que al interior
del movimiento popular la forja de una dirección, que recogiera el legado de
Mariátegui y bajo la premisa “una dirección siempre necesita tiempo para cuajar
y jamás se improvisa”, buscaría reconstituir la dirección proletaria en el
Partido y dotarla nuevamente de una correcta línea política. Esta nueva
reconstitución del Partido de Mariátegui tendría que esperar la década de los
60 para el surgimiento de una nueva dirección que en las últimas décadas del
siglo pasado inició un gran proceso social que abrió brecha en la historia de
nuestro país….…pero eso es materia de una historia aún por escribir.
BIBLIOGRAFIA
Castillo O. (1979) Chiclayo: 50 Años en
la Historia de la Lucha Obrera. En Marka No 134. Año V.
Gómez C. – Bazán I.
(1989)
Capitalismo y Formación Regional. Chiclayo entre los siglos XIX y XX. Instituto
de Investigación y Capacitación
Huertas V. (1974) Capital Burocrático
y Lucha de Clases en el sector Agrario (Lambayeque, Perú, 1920 –1950).
Seminario de Historia Rural Andina.
Mariátegui J. (1973) Ideología y
Política. Biblioteca Peruana. Peisa
FUENTES
HEMEROGRÁFICAS
Revista MARKA, Año VI. 1980,27 de
Noviembre.
Revista MARKA, Año V. 1979, 29 de
Noviembre.
CIMARRONAJE, PALENQUES, BANDOLERISMO: MECANISMOS DE RESISTENCIA EN LOS AFROPERUANOS (XVI – XIX)
“El legado africano en la construcción de las naciones
que integran América meridional es muy importante que sea tenido en cuenta. No
hacerlo significaría seguir contribuyendo a “invisibilizar” no solo las
memorias de muchos pueblos que compones estos países, sino también extender esa
práctica insidiosa en forma de discriminación cultural y racial que tiene que
ver con condenar al olvido, la historia de los descendientes de la gente
africana en esta parte del continente”.
“La opresión y el abuso, tanto de la gente africana como
de la indígena, deben ser considerados ampliamente, pues tuvieron propósitos
mucho más complejos que la simple degradación de la persona o la desvaloración
de sus concepciones del mundo, puesto que negros e indios, compartiendo o no
los mismos espacios territoriales, establecieron mecanismos de defensa para
enfrentar al mundo colonial y republicano”
(Anexo IV: Seminario Internacional “Los Afroandinos de
los Siglos XVI al XX: 2002)
Toda sociedad descansa sobre
la base de una estructura económica social y esta a su vez está compuesta de
clases sociales[1], que responden
en función al orden que ocupan en la producción y las relaciones sociales que
entablan entre ellas en el proceso productivo.
Dentro de esta relación dialéctica
entre las clases sociales, unas se constituyen en la clase que ocupa una
posición dominante y ejerce privilegios en el proceso productivo en desmedro de
la otra clase social que está constituida por los
productores de la riqueza social, pero que se encuentran en calidad de
dominados y/o sometidos.
Ambas clases sociales en el
proceso histórico se encuentran engranadas en un eje de conflicto que
constituye el motor que mueve la rueda de la historia, dentro de este proceso
dialéctico los sectores dominantes despliegan mecanismos envolventes
de control social[2] y los
sectores dominados despliegan mecanismos de respuesta que presentan dos
características, unas son de carácter espontáneo y otras de carácter
consciente.
La sociedad virreinal peruana
se encontraba estructurada en clases sociales bien diferencias, dos sectores
sociales antagónicos marcaban la particularidad de la sociedad virreinal y
dinamizaban su devenir histórico.
Un primer sector conformado
por la menor parte de la población denominada de “los señores propietarios”
dueños de la mayor parte de la tierra o en todo caso de la más alta
rentabilidad y que los hacía fungir de protectores estableciendo vínculos de
dependencia personal buscando
“Mantener la relación social de
dominio que satisficiera las ambiciones económicas de un estado metropolitano y
sellara su compromiso de clase con los grupos señoriales americanos...”
(Carlos Lazo 1980:13)
Un segundo sector el mayoritario conformaba
la denominada clase social explotada, siervos y esclavos eran sus mayores
integrantes, así como mestizos y blancos y criollos pobres. Cabe indicar que al
interior de los sectores dominados desde el sector dominante se buscó desplegar
entre ellos odios raciales del negro hacia el indio y del mestizo
hacia el negro y el indio, todo en aras de una mayor fragmentación de estos
sectores y un mejor control social de ellos.
La historiografía peruana ha incidido en
sobre manera en el análisis de la explotación al poblador andino, sector sobre
explotado y mayoritario en densidad poblacional sin embargo en aras de la
construcción de nuestra nación y rescatando del olvido intencional a sectores
dominados se hace necesario el estudio no solo del aporte afroperuano en la
música, danza, comida y costumbres, sino también su participación en la forja
del proceso histórico peruano.
Frente a los mecanismos envolventes
desplegados por los sectores dominantes, la población afroperuana y demás
clases dominadas desplegaron un conjunto de acciones defensivas, en
razón y defensa de su subsistencia.
Diversas fueron las modalidades de protesta[3], en algunos
casos optaron por mecanismos legales en otras oportunidades las rebeliones
y protestas colectivas e individuales también persiguieron el mismo fin “la
ansiada libertad”.
En el presente trabajo abordaremos tres
formas de protesta social esgrimida por la población afroperuana en el Perú
colonial: El Cimarronaje, el Palenque y el Bandolerismo. Incidiremos en la
tercera forma como una aproximación a un tipo de protesta social a partir del
análisis de un bandolero afro peruano “Pedro Espinoza Ríos “Periquillo”.
Cimarronaje, Palenques y Bandolerismo fueron
modalidades que se alternaron y se complementaron como formas de respuesta de
los afroperuanos a la explotación colonial.
¿Quiénes eran los cimarrones?
En palabras de Victoria
Espinoza (1988:30) “Los negros
cimarrones eran los esclavos que se evadían de sus centros de trabajo e
intentaban llevar una vida libre y preservar en lo posible su identidad
cultural en los asentamientos que establecieron”.
Maribel Arrelucea nos
dice “...Desarrollaron diversas
estrategias para sobrevivir; en este sentido, la cimarronearía como respuesta
social de protesta cuestionaba la hacienda y algunos rasgos del régimen como
fueron el maltrato, exceso de trabajo, reducción de la dieta, prohibición
o recorte de la vida social del esclavo, etc.”(Maribel Arrelucea
1998:171).
La fuga de esclavos en el
Perú colonial como mecanismo de evasión del sistema de explotación contra el
afroperuano ocasionó desde los primeros años de la conquista que se
establecieran ordenanzas desde el mismo cabildo para evitar las fugas de los
afroperuanos esclavos al respecto
“En primeros de julio de mil
quinientos treinta y siete años los señores justicias e regidores estando y
juntos en su cabildo e ayuntamientro dicxeron que se entiende esta hordenansa a
negra o morisca ansy mismo y se acreceno la pena de sus en veynte pesos. Pedro
de Castañeda….Otro sy ordenaron e mandaron que ningún negro ni negra sea osado
de tener ny tenga encubierto y escondido a otro negro ny negra ny iyndio ny
yndia que sea de sus amo e individuo huydo so pena que al negro o negra le sean
dados cien azotes….
Yten hordenaron e mandaron que
qualquier negro que sea absetnado de su amo e anduviese absente de su servicio
seys días que por ello le sea cortado lo suyo e sy anduviere absente mas de los
dichos dyas que muera por ello. (Libro de Cabildos de Lima Libro I (1534 –
1539)
La huida constante de los afroperuanos
determinó que el Cabildo de Lima en 1535 estableciera la existencia
de cuadrilleros cuya misión fundamental era “(…) en patrullar y aprehender
a los bandido en el campo, al mando de alguaciles de campo”. Es decir desde las
primeras décadas de la conquista a la par del establecimiento del virreinato el
afroperuano luchaba incesantemente por su libertad y se establecía una relación
estrecha entre el Cimarronaje y el Bandolerismo
En 1549 el pacificador La Gasca
autorizó a los alcaldes ordinarios reunir, hombres, armas y caballos necesario
y salir en persecución de aquellos que asolaban los campos. Se trató de usar no
sólo fuerzas oficiales (cuyo número era reducido). Para lo cual se optó por
ofrecer recompensas (dinero, libertad, etc) a fin de incentivar a los
particulares, vecinos habitantes de Lima, así como a los negros esclavos y
persona libres, a contribuir en la persecución y aprehensión de los
bandoleros”( Vivanco 1988: 251)
Sin embargo a lo largo de los siglos que duró
el sistema colonial el Cimarronaje constituyó solamente un rompimiento
transitorio con el amo y no implicó un cuestionamiento al orden existente ni un
peligro real a la sociedad en palabras de Arrelucea
“Lo que sí lograron fue privar al amo
de los servicios y el jornal, además de gozar temporalmente de libertad
personal. Desde el punto de vista del esclavo, era suficiente porque cubría sus
expectativas cotidianas, sus objetivos inmediatos: dejar de ser explotado,
disponer de su propia vida”.
En las primeras décadas del siglo XIX,
durante lo que llamaremos la crisis del modelo colonial se puede observar que
los alrededores de las haciendas de la costa central el Cimarronaje tiene
presencia de gran cantidad de afro peruanos que en ocasiones les da la
seguridad para enfrentarse a miembros de la clase dominante, así lo registramos
en las inmediaciones de Bujama (1808) en la provincia de Cañete
“… hallandose el
confesante en el tambo de la laguna de bujama acompañando de los negros Jose
Espionoza alias primera y Pablo Falcon, llego otro negro que sin duda era
conocido del confesante diciendo que llebaban preso a pancho y que iban a
quitarlo con sus simarrones del monte lo que oido por el confesante espuso: que
ese pancho era su compadre, y que para ir a darle libertda convido a los dos
compañeros, y con ellos fue expresamente al monte en busca de los simarronmes.”
(Leg114, C1378, 1808)
Y cuáles fueron las aéreas
donde se establecieron los cimarrones Victoria Espinoza refiere
“Los cimarrones se instalaban en
aquellos lugares en donde podían encontrar recursos para explotar y sitios
seguros en donde permanecer. Los pantanos y bosques de las haciendas de Lima
albergaron a un indeterminado número de cimarrones quienes lograron sobrevivir
al explotar los recursos de su hábitat. Los puquios, a cuyo alrededor se
establecieron los cimarrones posibilitaron una relativa independencia económica
debido a que es mas fácil controlar u territorio de puquial que un territorio
regado por el agua de un rio. (Espinoza Victoria 1999: v)
El afroperuano buscó evadir la explotación
del sistema colonial y para ello no solo el Cimarronaje fue una alternativa de
búsqueda de libertad sino el establecimiento en lugares de refugio donde
buscaron recrear una nueva forma de vida en donde la libertad sea la
característica dominante, una modalidad alterna de vida a la que tenían en ese
sentido surgieron los palenques que fueron
“…..fue una aldea o asentamiento
rural de población negra cimarrona. Se estableció en una zona periférica a los
valles limeños. Constituyo una agrupación social rebelde aunque mantuvo
relaciones económicas mas o menos estrechas con la ciudad y las haciendas
circunvecinas”
(Carlos Lazo 1981)
En palabras del historiador Carlos Lazo
García[4] zonas
autónomas donde los afroperuanos desplegaron una política de convivencia
paralela con la hacienda sin romper completamente con ella sino por el
contrario establecieron una relación de dependencia entre la economía
periférica de los palenques y la economía de los hacendados (Carlos Lazo y
Javier Tord 1981:304)
Maribel Arrelucea menciona
“En los expedientes se les denomina
"palenques", palabra que sirvió desde el siglo XVI para designar los
refugios de los cimarrones, pero se entendía también como lugar empalizado con
chozas y pequeñas chacras. Para la segunda mitad del siglo XVIII los palenques
eran guaridas simples, sin construcciones, sin chozas, tampoco practicaban la
agricultura rudimentaria. Por lo tanto aquí no existieron esos palenques al
estilo de los quilombos brasileños, cubanos o colombianos. Nuestros palenques
de fines de siglo estuvieron ligados al bandolerismo, a la forma más rápida de
sobrevivir sin desarrollar una respuesta más beligerante”
Espinoza Victoria a determinado para la costa
central el espacio territorial donde se habrían encontrado palenques
“En el area comprendida entre Supe y Cañete
localizamos palenques e los moentos de las haciendas de Paramonga, San Nicolas
de Supe, Caral, Andahuasi, Vilcachuaura, Palpa, Caqui, La Guaca, Cieneguilla,
Biocanegra Huachipa, Cero, Pamas del rey”, Caballero, Pubnchauca, Vila, San
Juan,las tres chacras, la Calera de los padres jusuitas, en Balconcillo, San
Jose de Monte y Bujama (Espinoza Victoria 1999: VII)
El palenque no fue como en Venezuela o
Brasil, lugar de emplazamiento miliar de carácter defensivo y donde se aglutinó
un grueso de población afro en calidad de rebeldes contra el estado. Los
palenques en el Perú colonial devinieron en lugares simples de escondite fuera
de las áreas urbanas.
El bandolerismo social corresponde a formas
de respuesta de los sectores populares que se inscriben dentro de los
denominados conflictos menores dado que no buscan un cambio revolucionario ni
ponen en cuestionamiento el modelo económico de los grupos dominantes.
El fenómeno del bandolerismo para el caso del
Perú Virreinal ha sido poco estudiado, en su obra titulada Economía y Sociedad
en el Perú Colonial (1980) tomo V, ambos autores analizan las tipología de
respuestas populares que se presentan en la sociedad colonial y mencionan al
bandolerismo social, visualizando en este fenómeno social la presencia de un
atisbo de conciencia de clase en el grado de lo que somos; que permite actuar al
líder
“…no sólo para subsistir sino a efectos de
poder destinar parte de lo robado para ayudar a sus compañeros en cautiverio
fuesen siervos o esclavos, siendo su objetivo principal la expropiación
de bienes de propiedad terrateniente viviendo de esta y gracias a la
cual el jefe bandolero resulta generoso, convirtiéndose en “un señor de facto”
que incluso desafiaba a los “señores d de derecho” quienes lo calificaban del
“mas grande delincuente”.
Alberto Flores Galindo para el caso del Perú
Virreinal presento al bandolerismo como forma de protesta social de
los sectores dominados el cual hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo
XIX presento un carácter epidémico, ya que transitar por la costa central del
Virreinato Peruano se convirtió en un verdadero riesgo para los comerciantes o
viajeros.
Una expresión de protesta social: Pedro
Espinoza Ríos “Periquillo”, bandolero del valle de palpa y el
ingenio 1800 – 1810
Pedro Espinoza fue uno de los tantos jefes
bandoleros que asoló la costa central del Virreinato Peruano, específicamente
los valles de Ingenio y Palpa, que se convirtieron en su área
de acción.
Jefe de un banda del valle de Palpa, en su
declaración instructiva declaró llamarse Pedro Espinoza Ríos, alias Periquillo,
casta negro, de oficio lampero, estado soltero, y natural del valle de Ingenio
y cuya edad era de treinta años más o menos, capturado según el auto
cabeza de proceso de Don Santiago Saenz Capitán de Infantería y alcalde
ordinario de los valles de Ingenio y Palpa, por un criado del sargento mayor
Don Vicente Ferrer de Francia, el cual determinó depositarlo en el Sepo de su
hacienda.
Situación muy común dado que el cepo solía
utilizarse como una cárcel privada al interior de la hacienda y en otros casos
en lugar de reclusión y castigo a los esclavos que intentaran huir o tuvieran
conductas que el señor hacendado concibiera como ajenas a un buen esclavo.
Pedro Espinoza Ríos conocido con el apelativo
de “Periquillo” habría según las declaraciones, estado cometiendo sus actos
delictivos en un periodo que abarcaría desde aproximadamente inicios
del siglo XIX hasta 1810 fecha de su captura definitiva y juzgamiento, toda una
década que según los testimonios de las personas rectoras del orden social
existente fueron de constantes latrocinios hacia sus propiedades e incluso de
perjuicio a la actividad comercial del área.
Una década se constituye a una enorme
cantidad de años que este bandido habría podido estar operando y a quien las
autoridades no habrían podido capturar a pesar de sus múltiples esfuerzos, de
allí se desprende la ayuda que habría tenido “Periquillo “ para ser alertado a
tiempo cuando las tropas de los cuadrilleros llagaran a capturarlo y ponerse a
buen recaudo, de esta manera una forma muy común de hacer que sea delatado el
bandolero fue teniendo que ofrecer una recompensa situación que buscaba que
frente a la critica situación económica de los sectores dominados, estos se
convirtieran en delatores del bandido a cambio de dinero.
Teniendo para su captura que ofrecer
veinticinco pesos por su aprensión, asegurándolo los criados de Don Vicente
Ferrer. Las declaraciones del licenciado Baltazar de Polo y Quevedo hacendado y
ex alcalde del mencionado valle nos menciona:
“...Pedro Espinoza, conocido
frecuentemente como Periquillo...nació esclavo en la hacienda Bogovaya (sic)
del Ingenio propia de la difunta Doña Leandra Espinoza, y aunque se ha
asegurado que su ama lo dejo libre luego que cumpliera la edad de beinti y
cinco años, hasta hoy no ha cumplido con justificar esta gracia(...) por lo que
quando yo fui alcalde, lo trate como esclavo, tanto que junto con otro de mi
hacienda amigo suyo por varias quexas de robos, les hice prender en la hacienda
San Xavier, a cuio caporal intentaron herir, y al punto los encamine
a moler caña en la Hacienda Chocabento (...) se mantubo algún tiempo
en la prisión y jusgando que este castigo le serviria para enmendarse regreso
aparentando arrepentimiento y conmigo se estreno atropellando mi casa en
circunstancias que poco faltaba para concluir mi mando de alcalde. Aquí comenso
este mal negro a entregarse al robo sin distinción de personas y clases” (Real
Audiencia Causas Criminales, Leg. 95, Cuad. 1169, 1802)
Hacia inicios del siglo XIX la crítica
situación económica que vivía la economía colonial envuelta en una crisis
estructural que había buscado por múltiples mecanismos reflotar esa situación
estaba condenada a su colapso, es este el contexto en el cual “Periquillo” al
parecer habría sido liberado por su difunta ama sin embargo algunos miembros
rectores del orden social
De esta manera frente a las malas condiciones
de vida y quizá por la prolongación de su esclavitud optaría por la
huida y posterior actividad de bandolero para poder subsistir, asimismo podemos
observar como incluso llega a desafiar a las autoridades locales como lo
menciona el mismo alcalde del pueblo cuando refiere que “Periquillo”
ingreso a su casa cuando estaba a punto de terminar su mandato en una clara
muestra de haber perdido aparentemente el temor hacia el señor representante
del grupo dominante en la zona.
Sin embargo a pesar de su ruptura con el
orden legal de la sociedad dominante al coger las armas para tomar por la
fuerza lo que necesitan para vivir; no llegan a visualizar en el señor al
enemigo de clase al que hay que derrotar.
No presenta un programa que cuestione el
orden existente tan sólo persiguen la defensa o restauración del orden
tradicional o terminar con los abusos. No exige la eliminación de la clase de
los señores, sino se limita a ponerle coto a sus excesos.
Una de las características del
bandolero social, será la contradictoria reacción de los sectores conformantes
de la sociedad; los sectores dominantes visualizaran en
él un simple criminal, un hombre al margen de la ley, un delincuente.
Los sectores dominados lejos de considerar
criminales sus actos lo protegerán haciendo que permanezcan
dentro de los ámbitos locales con lo cual garantizan su auxilio y
socorro evitando su captura.
En contraste los sectores dominados lo
protegerán evitando su captura, afirmación que se confirma en la declaración
de Juan Paco indio tributario de 22 años quien menciona al respecto
“...que estando podando la viña
de Moyaque se apareció el negro Periquilloa eso de las ocho de la noche en una
mula ensillada con varias especiesde las cuales fue una chamarra que no sabe el
declarante de que genero era, y se la vendio a uno de los compañeros podadores,
con ciuio dinero paso a un quarto de la cocina a jugaren donde varios estaban
divirtiendose que entonces fue quando le aseguraron que Don Lino Henriquez y
Don Juan AntonioGrados venían a prenderlo, a lo que inmediatamente se mudo...”
(Fj 31V.).
De esta manera queda evidenciado la forma
como Periquillo se inserta dentro del mundo de los sectores dominados entabla
relaciones personales con ellos se convierten en sus compradores potenciales de
productos que este bandido trae los cuales son vendidos a precios bajos pero
ingresa en su mundo se reúne con ellos juegan y establecen relaciones amicales
razón por la cual, es visto como un miembro más del grupo que lo acoge y
comparte con él la diversión, esta es la razón por la cual cuando es
preciso y debido al peligro que corre su seguridad es alertado de la presencia
de soldados que vienen a prenderlo y este es el motivo principal por el cual es
muy difícil su captura, el nivel de identificación de la población con el bandido
a llegado a cristalizarse y hará casi imposible su ubicación y
posterior captura.
El sargento mayor Vicente Ferrer Francia
mencionó:
(…) Este ladrón no tiene compasión en
sus hechos que son notorios y no habrá en toda la jurisdicción persona que no
allá experimentado graves perjuicios con los robos frecuentes llegando a tal
grado la libertad de este negro que el solo a sido bastante para contener el
comercio y privar a la Real Hacienda de los justos derechos que antes
de esta ocurrencia se contribuían a su majestad” (Causas Criminales, Leg95,
C116, 1802, fj16).
Con esta declaración se pretende culpar por
al bandolero de la caída en el trafico y aun mas de los correspondientes
ingresos a la Real Hacienda. De esta manera su accionar es
impedimento para el normal desarrollo de las actividades comerciales de los
miembros de los grupos dominantes en la region y ven en el personaje a un
obstáculo para su actividad y la obtención de mayores ganancias, esto se puede
comprobar por el mecanismo utilizado para la captura del bandolero esto es la
organización de toda una estrategia para capturarlo que tendrá en la recompensa
para el que lo capture intentando de esta forma obtener mejores
resultados de los conseguidos hasta ese momento (según la declaración hacia 8
años que Periquillo cometía sus actividades delictivas en esa zona), actitud
que queda manifestada cuando Don Diego Santiago Sáez Capitán de
Infantería y alcalde ordinario de los valles de Ingenio y Palpa manifiesta:
“...a pesar del celo de la justicia, ha
tenido máxima este reo para entorpecer las providencias y burlarse
de ellas.., no se oía otra cosa que lamentos de infelices que quedaban sin sus
pobres bienes y caballerías, y de los hacendados y comerciantes que también
tenían parte en los forados de sus bodegas y tiendas me pareció lo más
oportuno, ofrecer la gratificación que en efecto exhibí inmediatamente pareciéndome
cosa muy ridícula a vista del beneficio que ha recibido la
república, con la seguridad del negro masa atrevido y mas ladrón”
En el valle del Ingenio y Palpa la
presencia de nuestro bandolero Periquillo, será visualizada de forma diferente
por los sectores conformantes de la sociedad, para los sectores dominantes
locales será “un vulgar ladrón” en cambio para los dominados el apoyo,
ocultamiento y aprovisionamiento cuando es perseguido por las autoridades
locales evidencia una forma diferente de ser visualizado. De esta manera los
sectores dominados tendrán una actitud contraria “protegerán al bandolero”
(Hobsbawm 1987:27).
Por tanto el Cimarronaje, el palenque y el
bandolerismo constituyeron formas de protesta social esgrimidas por los
sectores dominados que sin cuestionar el orden existente buscaron frenar la
explotación y la obtención de una libertad que no era completa como podríamos
pensar sino con mucha de las ideas del mundo español.
BIBLIOGRAFIA
AGUIRRE, Carlos.
1990 “Bandoleros
Abigeos y Montoneros y Violencia en el Perú, siglos XVIII – XX”. Editores
Carlos Aguirre y Charles Walker. Instituto de Apoyo Agrario.
ARRELUCEA BARRANTES, Maribel.
2001 “De la
pasividad a la violencia. Las manifestaciones de protesta de los esclavos Limeños
a fines del siglo XVIII”. Revista Historia y Cultura. No 24.
CACERES- OLAZO MONROY, Jorge Mariano.
1990 “Algunos Alcances
sobre Hecho, Teoría e Investigación en Historia”. UNFV. Editorial Ensayo.
1994 “Metodología de
la Investigación Científica.
Ediciones
Ingaricona. Editorial Achangaray. UNFV. Lima.
ESPINOZA DESCALZO, Victoria
1999 Cartografía
de Lima (1654 – 1893). Seminario de Historia Rural Andina. Universidad
Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
FLORES GALINDO, Alberto
1984 Aristocracia
y Plebe. Lima 1760 – 1830. Estructura de clases y sociedad Colonial. Mosca Azul
Editores.
FROMM, Eric.
1987 “El
Miedo a la Libertad”. Editorial Paidos. Estudio Barcelona.
HOBSBAWM, Eric.
1968 Rebeldes
Primitivos. Estudios de las formas arcaicas de los Movimientos Sociales en los siglos
XIX y XX. Editorial Ariel.
1976 Bandidos. Editorial
Ariel.
HUNEFELDT, Cristine.
1979. Losas
negros de Lima: 1800 – 1830. En Revista Histórica PUCP. Volumen III. No.1
LAZO Carlos, TORD Javier.
1980 Hacienda,
Comercio Fiscalidad y Luchas Sociales ( Perú Colonial). Biblioteca Peruana
de Historia Economía y Sociedad.
1980 El
Movimiento Social en el Perú Virreinal: Precisiones ontológicas. En actas
del Tercer Congreso del Hombre y la Cultura Andina. Editor
Ramiro Matos.
1980 “Economía
y Sociedad en el Perú Colonial. Movimiento Social”. Editorial Mejía Baca
Tomo V.
MACERA, Pablo
1977 “Trabajos
de Historia”. Tomo I. Instituto Nacional de Cultura.
PRINCE, Richard.
1981 Sociedades
Cimarronas: Comunidades esclavas Rebeldes en América. Editorial Siglo
XXI.
México.
Fuentes Primarias:
Leg.95,
C 1169, 1802, Fj.98. Real Audiencia, Causas Criminales
Autos
criminales que de oficio de la Real Justicia se han seguido contra el reo Pedro
Espinosa Alias Periquillo por el delito de abigeo. Año de 1802.
[1] Lenin (Harnecker 1980:167)
entiende a las clases sociales como: “...grandes grupos de hombres que se
diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de
producción históricamente determinado, por las relaciones en que se
encuentran frente a los medios de producción, por el papel que
desempeñan en la organización social del trabajo y por consiguiente, por el
modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que
disponen”.
[2] Estos fueron de distinta índole:
ideológicos, religiosos, festivos y represivos, pero todos ellos favorecían la
permanencia del equilibrio social. En ese sentido, la iglesia actuó como una
institución generadora de mecanismos de control”. Maribel Arrelucea, De la
pasividad a la violencia. Las manifestaciones de protesta de los esclavos
limeños, Historia y Cultura, 24, 2001.
[3] Maribel Arrelucea sobre la
protesta menciona “Considero así toda acción que conlleva un rechazo a la
condición subordinada. Estas acciones son diferentes, algunas claramente
visibles porque tienen fuertes dosis de violencia como las rebeliones y los
tumultos. Otras, al contrario, son difíciles de percibir porque se esgrimen en
la vida cotidiana, al interior de la sociedad misma como el trabajo lento, la
sátira, la mentira. Mientras las primeras rompen con la legalidad y las normas
establecidas, las segundas no, por eso las diferencio en protesta activa y
pasiva respectivamente.” (Arrelucea Maribel: 2001).
[4] Carlos Lazo asocia asimismo el
incremento del cimarronaje y la presencia de los palenques a una crisis
económica (1761) lo que genera una presión de parte de los grupos dominantes
señoriales sobre los esclavos y que conlleva a su huida y la conformación de
palenques.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
SEPARATA 05 CICLO REPASO UNMSM
HISTORIA UNIVERSAL 01. La característica principal del Humanismo es: a) Su sentido crítico hacia la religión y hacia Di...
-
“La fiesta era un espejo que devolvía a cada participante su papel e imagen en el mundo, fuera de su propio destino escatológico De ahí ...
-
LA REFORMA PROTESTANTE (SIGLO XVI) “ Al oponerse a la religión católica que constituía la base ideológica de la sociedad feudal, la ...
-
ASESORÍA ACADÉMICA : HISTORIA TEMA 1: GRECIA Y ROMA 1. En la arquitectura griega, el auge cultural de Atenas, se ev...





