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lunes, 16 de enero de 2017

viernes, 15 de febrero de 2013

EL BANDOLERISMO SOCIAL COMO EXPRESIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL: LA COSTA CENTRAL DEL PERÚ COLONIAL (1800 – 1815)



                                                                                                     
La costa central se caracterizó  por la presencia de haciendas que producían productos de pan llevar y también caña de azúcar y otros cultivos que eran trabajados principalmente por esclavos, hacia inicios del siglo XIX la crítica situación económica que vivía la economía colonial envuelta en una crisis estructural que había buscado por múltiples mecanismos reflotar esa situación estaba condenada a su colapso..

                                                                                                       Lic. Luis Alberto Rivera H.
                                                                                                       (betorh58@hotmail.com)




     La estructura social colonial descansó sobre profundos mecanismos de diferenciación. Estos encontraron su expresión en complejas relaciones de clases, castas y estamentos[1]. La posición que cada uno de los sectores sociales tuvo en la sociedad, entendiéndose ésta como una relación no sólo entre los miembros de un sector social, sino en la relación que mantuvieron con los otros sectores, explica su accionar como grupo social.


     Cabe advertir, que estas relaciones entre los diversos sectores sociales, dieron lugar a complejos mecanismos de control social[2], por parte de los grupos de poder, los cuales buscaban “mantener la relación social de dominio que satisficiera las ambiciones económicas de un estado metropolitano y sellara su compromiso de clase con los grupos señoriales americanos (...)” (Lazo, 1981:13).
     Como en toda sociedad, estos mecanismos de control social, tuvieron como principal objetivo, el conservar y acrecentar el status de privilegio del grupo dominante, para disponer, con seguridad, del trabajo siervo – esclavo (Lazo, 2007:75).


     Pero también es pertinente advertir, que estos mecanismos no son monolíticos, es decir, presentan fisuras las cuales permiten que “los de abajo” puedan actuar en defensa de sus intereses. Las manifestaciones de protesta popular, entre ellas el bandolerismo social, constituyen una expresión de estas fisuras.
     Durante la colonia, las clases dominadas llevaron a cabo de forma intensa y permanente, un conjunto de expresiones, que fueron respuesta de los sectores dominados a la explotación. Una expresión del  descontento social, fue el cimarronaje[3] y el bandolerismo  social[4].  Ambos expresan y ponen en evidencia, una forma de respuesta asumida de los sectores dominados,  pero que en ellas se encontraban en diversos grados, la alienación que habían instaurado los mecanismos de control social (Lazo, 2007: 78).

     Por un lado, el cimarronaje[5] pudo existir y desarrollarse gracias a que los mecanismos de control ideológico por parte de los españoles no tuvieron la eficacia pretendida[6].

     Los esclavos, pese a estar alejados de sus originales espacios culturales pudieron, en alguna medida, conservar la aspiración de mantener una vida alternativa a la de la hacienda. Por otro lado, el mismo hecho de que fuera frecuente el escape de las haciendas, tanto para constituir palenques y vivir oculto en la maleza costera, como para introducirse en la ciudad sin poder ser detectado, evidencia que los mecanismos de control social durante la colonia mostraban bastante ineficacia.

     En la perspectiva de Victoria Espinoza (1988), la costa central evidenció esta ineficiencia en los mecanismos de control en el amplio espacio social costero dado que:
(…) los caminos de acceso a las zonas urbanas porque fluían los productos del campo a la ciudad y de ésta a aquel, fueron los lugares más aptos para la incursión de bandoleros lo que se agravaba en gran parte por la escasa vigilancia de que eran objetos por parte de las autoridades al no existir los efectivos necesarios y suficientes. Allí los bandoleros podían obtener lo que les hacía falta para satisfacer sus necesidades por un consumo directo o a través de la comercialización de lo obtenido. El escaso desarrollo de los caminos y carreteras en la colonia facilitaron dichas incursiones (…). (Espinoza, 1988:102).

    
      Para el virreinato peruano, las dos primeras décadas que trascurren desde 1800 hasta la obtención de la independencia política (1821), constituyen una fase de evidente intranquilidad social, concretizada en el surgimiento de una gama diversa de movimientos rebeldes que en mayor o menor medida cuestionaron el poder político hispano (Seiner, 1989: 85).
     Sin embargo, los esclavos, al tener sobre sí mecanismos de control social poco eficaces, además de estar disgregados a lo largo de algunos valles de la costa, y desarrollar actividades disímiles, también desarrollaron acciones sociales que no tuvieron un alcance cuestionador frente al sistema feudal colonial.


Gráfico 09




La mano de obra esclava se constituyó en un importante grupo humano, actor de suma importancia en el  espacio social  de la costa central, principalmente usado en las actividades agrícolas y serviles. Cuando escapaban de las haciendas, se convertían en los famosos cimarrones y alternaban sus actividades con acciones como el bandolerismo.





     El bandolerismo[7] social, como expresión del movimiento social, se constituyó en una tipología de protesta individual, por parte de los sectores dominados, en su lucha por  amenguar el grado de explotación, al que los sectores dominantes los tenían  sometido (Lazo, 1981).
     En palabras del historiador Carlos Aguirre, el bandolerismo durante el siglo XIX fue una expresión del movimiento popular que:
(…) corresponde a la plebe, este sector heterogéneo que poblaba Lima y sus alrededores. Los bandidos eran hombres, de las clases bajas, mayormente castas, que como mencionamos antes quiere decir ni indio ni español (…) accionaban sobre todo en los valles costeños y se movilizaban bastante entre el campo y la ciudad. Aunque atemorizaron a las clases populares, el contenido de sus acciones (…) termina en una cierta esterilidad (…) (Aguirre, 1989: 123)

     Alberto Flores Galindo (1984), para el caso del Perú Virreinal, caracterizó  al bandolerismo como forma de protesta social  de los sectores dominados,  el cual hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX presentó un carácter epidémico, ya que transitar por la costa central del Virreinato Peruano se convirtió en un verdadero riesgo para los comerciantes o viajeros que frecuentaban esta región. Aún más, existe el peligro latente que “los bandidos ingresen a Lima”, este miedo tiende a la exageración haciendo que al interior de la aristocracia limeña su miedo a la plebe constituye su mayor temor oculto. Así mismo ha destacado la relación entre el cimarronaje y el bandolerismo social experimentado hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX:
Por otro lado, los cimarrones tenían que subsistir de alguna manera y para ello el monte era poco pródigo, de manera que sólo quedaba asaltar a algún viajero o robar en las haciendas. Es así como forzosamente hubo una estrecha relación entre cimarrones y bandidos. (Flores, 1984: 117-118).

     El bandolerismo social se presentó para el Perú Colonial como expresión de protesta de los sectores dominados bajo un contexto histórico determinado que hace que dicho fenómeno tenga un carácter endémico – epidémico.

     Endémico, porque de modo latente se presentó inserto en el desarrollo histórico social a través de casos periódicos, aislados individuales y de poca relevancia manteniéndose como un hecho permanente que sólo encuentra explicación en las contradicciones de la estructura del sistema económico social. Epidémico debido a que se intensifica respondiendo a causas coyunturales específicas (crisis periódicas, producción decreciente, crisis de descomposición etc.) terminadas las cuales tiende a volverse endémico.

     El bandolerismo social como forma de respuesta de los sectores dominados en el Perú colonial, presentó un carácter epidémico[8] en la costa central durante los años de 1800 – 1815, periodo donde el índice de criminalidad aumentó de manera significativa, consecuencia del incremento en los niveles de explotación, producto a su vez de la descomposición y colapso del modelo colonial español.

     Las Reformas Borbónicas  ejecutaron medidas administrativas[9] que debilitaron los viejos mecanismos de control social, pero por otro lado, en su deseo de aumentar la recaudación presionaron al aparato productivo. En palabras de Carmen Vivanco (1990) la presión sobre el aparato productivo se evidenció cuando:
(…)Los índices de las curvas de Novenos Reales reflejan una caída lenta en la producción agraria desde mediados del siglo (XVIII), lo que gravitó negativamente en la situación económica tanto del propietario  - hacendado como de los trabajadores dependientes(…) Esta situación poco favorable que vivió  parte de la población media limeña trajo consigo una mayor presión sobre el trabajador doméstico (esclavo y/o siervo) a fin de obtener un mayor rendimiento y así poder cubrir sus necesidades de consumo. Es entonces que dicha mano de obra, para liberarse de esa situación de  sobre explotación opta por el bandolerismo u otro mecanismo de respuesta como el robo o la simple huida. (Vivanco, 1990:43).


     Debido a que el aparato productivo no estaba en condiciones de realizar una mejora sustantiva en la productividad de las haciendas, aumentó la presión sobre los sectores explotados. Ello abrió un escenario en el cual aumentó el descontento frente al sistema[10]; pero por otro lado, se debilitan los mecanismos de control social permitiendo el desarrollo del bandolerismo social a niveles epidémicos.

     Es la estructura de los valles de la costa[11] ciertamente distinta de la estructura social que se puede apreciar en el sur andino. En la costa central la heterogeneidad social y cultural, además de la distribución poblacional y económica de la población impidió que se pudiera construir un proyecto masivo y de amplio alcance espacial como respuesta frente al sistema.

     Así, mientras que la expresión de la crisis del modelo colonial se mostró con una gran movilización de amplios objetivos y alcance demográfico y geográfico en el sur andino; en la costa, se pudo apreciar con movimientos que buscaban adaptarse al sistema a partir de las fisuras que evidenciaban los sistemas de control social. Flores Galindo, sostiene que:

El bandolerismo, a diferencia de los palenques, no será sólo una expresión negra del malestar social; por el contrario (…) las bandas tendrán una composición pluriétnica (…)El ideal de recuperar la vida africana no consigue un sustento sólido, porque por entonces se ha perdido el parentesco tradicional, casi no se utilizan las lenguas aborígenes, mientras se incrementa paralelamente el mestizaje con los otros grupos étnicos de la colonia(…)Fue un camino diferente del que contemporáneamente siguieron los campesinos andinos: en la sierra, especialmente en el sur y desde la segunda mitad del siglo, los motines rurales se convierten en rebeliones que, a su vez, culminan en revoluciones como las de Túpac Amaru II ( 1780) y los hermanos Angulo ( 1814). (Flores, 1984: 120).



     El bandolerismo social, como fenómeno social en palabras de Hobsbawm (2003) desafía  simultáneamente al orden económico social y político, allí radica su complejidad.

     En el plano económico,  el fenómeno del bandolerismo permitió la recreación de un circuito económico alterno al dominante, desde el cual se movilizaban los sectores marginales de la sociedad, la apropiación de bienes de los grupos dominantes o sus aliados fue una constante de sus acciones.
Para el caso especifico del mundo colonial, Carmen Vivanco (1990)  menciona:
(…) lo económico en el bandolerismo está presente tanto en sus motivaciones de sobrevivencia como en la conformación del status y en sus fines. En sus motivaciones por cuanto todos los sectores sociales de la clase dominada que optaban por esta forma de lucha popular demostraban con dicha actitud su disconformidad con los desniveles económicos en el sistema social del que formaban parte (…) Otros, eran hombres de oficio conocido (como artesanos, zapateros, sastres, etc.), pero la falta de trabajo los obligaba a ocuparse en cualquier cosa que se les presentase. Muchas veces al no ser ello suficiente para mantenerse optaban por “saltear” caminos como actividad complementaria (…). (Vivanco, 1990:35).

     En el ámbito social sus delitos tuvieron como elemento nutriente el descontento popular[12], por ello, cuestionaron no sólo el orden social vigente sino incluso algunos se levantaron y fungieron de autoridad paralela al orden establecido en algunos lugares, ejerciendo la autoridad de áreas donde tenían soberanía, por la ausencia del poder colonial[13].

     El cuestionamiento de la clase dominante y sus sectores aliados hicieron de su protesta una protesta con embrionario contenido político, no cuestionando el orden existente, no pidiendo al cambio del sistema o la ruptura del orden colonial de forma directa o explícitamente, sino cuestionando a las autoridades locales y del valle y por ende cuestionando indirectamente el engranaje político colonial.





[1] “(…) Por el principio estamental se estableció una clasificación social a partir de valorizaciones ideológicas y jurídicas, destinadas a destacar tanto posiciones de prestigio como estados correlativos de “calidad no distinguida”;  los unos gozando por su status de derechos y deberes privilegiados, y los otros careciendo de prerrogativas (…) la estratificación por casta contemplaba una diferenciación por caracteres étnico culturales, comúnmente denominados “cualidades del linaje”. En esta diferenciación, indicaba diferencias el color de la piel (…) la estratificación por clases sociales sostenía una división social basada  en un criterio económico, que el lenguaje de la época se traducía en la posesión de riquezas (propiedades y rentas)”. (Lazo, 2007:42- 44).

[2] “(…) El mecanismo de control social resultante en apariencia obedecía a una exclusiva programación estatal de colonización (…) Por medio de esta integración e instrumentando elementos culturales hispánico – andinos se indujo al establecimiento de relaciones socializadoras señoriales – serviles que caracterizaron a las instituciones sociales tanto como a las costumbres, los hábitos  y en general a toda relación de sociabilidad por más trivial que fuese.”(Lazo, 2007:45).
[3] En Palabras de Victoria Espinoza (1988) “los negros cimarrones eran los esclavos que se evadían de sus centros de trabajo e intentaban llevar una vida libre y preservar en lo posible su identidad cultural en los asentamientos en que se establecieron” (Espinoza, 1988:30).

[4] Para Carlos Lazo García el bandolero social del periodo colonial era: “(…) la actitud de éste remedaba a la de un señor rico y virtuoso, dispuesto a remediar entuertos, aunque para hacerlo tuviera que enfrentarse a otro del mismo rango. Como señor de facto desafiaba a los señores de derecho. Estos últimos por su parte lo calificaban como el más grande delincuente, contribuyendo sin proponérselo a incrementar el mito en torno a su persona. Los oprimidos lo ayudan dándole información y protección cuando las necesitaba” (Lazo, 1981:297).
[5] “Las noticias de cimarrones en nuestro territorio son tan antiguas como la presencia de esclavos negros y de españoles que, debe recordarse, trajeron a los primeros (…) Al cimarronaje se le trato de controlar desde un comienzo de la conquista y con distintos métodos (…) ya en 1535 los funcionarios de Lima reglamentaron que el esclavo que huyera por más de seis días debería perder la vida (…)” (Rodríguez 1991: 131 – 132).
[6] Para Carlos Aguirre: “(…) el propósito de domesticar a los esclavos indóciles a través del ejercicio de la violencia conllevaba también un efecto inverso: estimulaba la violencia y generaba respuestas contrarias a las esperadas (…)” (Aguirre, 1988:34).
[7] “(…) la sociedad utiliza distintos recursos lingüísticos: adopta palabras ya conocidas, adecuándolas al nuevo significado, crea otras o las toma prestadas de lenguas cercanas. En el caso del bandolerismo, no se puede hablar estrictamente de hechos desconocidos en España, pero sí de circunstancias especiales que explican la aparición en el siglo XVI – y su generalización en poco tiempo – de las palabras bandoleros y bandidos. Hasta entonces, voces como ladrón, malhechor y salteador de caminos habían servido para cubrir las necesidades de comunicación; a partir del siglo XVI, estas nuevas palabras irán concretando y ayudando a fijar la figura de unos hombres cuya situación está determinada por las condiciones históricas, sociales y hasta geográficas del medio en que viven (…).( Álvarez y García, 1986:1).
[8] El bandolerismo presentó una recurrencia epidémica, cuyo indicador expresó una anomalía social propia de una sociedad en descomposición. En palabras de Moran Daniel (2007): “(…) Y si queremos más pruebas documentales, lo podemos encontrar en el Archivo General de la Nación de Lima. Allí, una muy buena cantidad de expedientes de Causas Criminales de la Real Audiencia corroboran nuestras afirmaciones. No solamente, las partes aledañas de la Ciudad de los Reyes estaban cercadas por la delincuencia urbana, también los asaltos en los caminos de las regiones del virreinato eran constantes. Así, entre 1808 y 1815 hemos contabilizado aproximadamente 20 expedientes que se refieren a los famosos asaltos en los caminos. En el Callao, en Chincha, en la costa  norte y sur,  y en la parte central del virreinato dichas acciones ocurrían unas tras otras.”(Morán, 2007: 54).

[9] “Las reformas borbónicas aplicadas en América tenían como objetivo terminar con los privilegios particulares y centralizar en la metrópoli los beneficios de las colonias. A esto apuntaron, fundamentalmente, la creación de los nuevos virreinatos de Nueva Granada (1739) y el del Rio de la Plata (1776). Ese recorte territorial del virreinato peruano, junto con la introducción del sistema de intendencias y la implementación del Reglamento de Libre comercio de 1778, afectaron a la elite mercantil limeña, debido a que le restaron poder político y por consiguiente económico al causarle la perdida de los privilegios del monopolio. (Mazzeo, 1999: 25 – 26).
[10] “(…) El homicidio social, el vagabundaje, el bandolerismo, el pandillerismo urbano, los palenques, los motines, etc. Todo ello tenía su sustento en el creciente malestar social prevaleciente en la época colonial. La relación de estas manifestaciones de delincuencia y violencia  urbana y rural  obedecía a factores de índole económica. Por aquel motivo, las reformas borbónicas habían originado aquellos cambios en la cotidianidad de la ciudad de Lima colonial.  Entonces, entre las consecuencias de dichas reformas, que nos interesa destacar aquí, se produce el incremento del desempleo urbano: “El aumento de la vagancia y la delincuencia: Los robos que entre 1710 y 1730 representaban el 3% de los delitos, pasaron a constituir entre 1770 y 1790, el 47% de estos hechos punibles.” (Morán, 2007: 49 – 50).
[11] En lo referente a los valles de la Costa central, la tenencia promedio de la tierra, no fue la plantación azucarera sino la chacra con policultivos y con una pobre tecnificación, en palabras de Flores Galindo:  “(…) En Chancay, Huacho, Nepeña y Santa, se repetía la asociación entre caña de azúcar y grandes haciendas, junto a medianas propiedades y chacras para forraje, persistiendo reductos de propiedad campesina alrededor del maíz: contrapunto entre la agricultura de exportación y los cultivos destinados al mercado local”. (Flores, 1984: 40).

[12] “Aquellos que se reconocían en igual condición social de aquel que se hacía bandolero, lo apoyaban y protegían, reconociendo como suya dicha forma de rebeldía y al bandolero como a un “héroe”, capaz de enfrentarse al señor (llámese hacendado, minero, funcionario, etc.) en el terreno de los hechos y demás como ayudaba a los de su misma condición social, lograba con ello ese apoyo que se traducía en ayuda ya sea escondiéndolo de la justicia o proporcionándole alimentos, alojamiento, etc.” (Vivanco, 1990:35).
[13] Un caso que ubicamos en los expedientes revisados es sobre Pedro Espinoza, alias “Periquillo” un negro esclavo de Palpa, Ica, el cual  según una declaración : “ (…) es tan malo el negro Periquillo que no le halla cotejo, pues le ha asombrado el teson de este ladron a este vecindario sin reserva de personas, llegando a tal su insolencia que no solo se contentaba con tomar lo ajeno, sino con atropellar con armas a toda persona, de modo, que se havia hecho el temor de las gentes, que desde que este negro se ha exercitado en robar, es conocida la ruina del pueblo sin querer entrar marchantes con viveres, porque a todos los tiene auyentados, que al declarante le robo dos caballerías (…)” ( Causas Criminales, AGN, Leg 95 C 1169, 1802)

jueves, 14 de febrero de 2013

EL MOVIMIENTO CLASISTA DE CHICLAYO (1920 – 1932): A PROPÓSITO DEL PROBLEMA DE LA CRIMINALIZACION DE LA PROTESTA POPULAR



                                                                               Lic. Luis Alberto Rivera
                                                                               (betorh58@hotmail.com)


“….el movimiento popular está saliendo del repliegue político general. Al salir se encuentra con una burguesía extremadamente reaccionarizada que no permite ni siquiera la viabilidad de su democracia burguesa, sino ejerce dictadura de clase abierta con el recurso de declarar cualquier asomo de protesta popular con el epíteto de terrorismo y justificar así la represión sanguinaria a los que somete al pueblo en su conjunto. Debemos bregar con mayor decisión por la democratización de esta sociedad peruana, por la defensa de los derechos fundamentales de las personas y para ello necesitamos entrar a la guarida y usando sus micrófonos gritarles y enrostrarles las miserias materiales y morales en las que tiene sumidos al pueblo” (Vórtice, No3, 2006, pp.3)


A fines de la última década del siglo XX, el movimiento popular en el Perú, inició la superación del repliegue político general en que se encontraba, ello se concretiza en las acciones y luchas que desarrolla el pueblo, y que hasta la actualidad (2009) demanda la forja de una dirección que brinde orientación y perspectiva al movimiento popular.

Esta dirección es imperativa construir, fundamental para otorgar cohesión y sentido a las luchas del pueblo; sin dirección, las movilizaciones y luchas, son movimientos espasmódicos rápidamente reprimidos y desarticulados por las clases dominantes. Por ello una dirección nunca debe improvisarse, necesita tiempo para consolidarse y se forja siempre en lucha de clases, al interior del movimiento popular.

Partiendo de esta premisa, fue la lucha de clases, en las primeras décadas del siglo XX, donde se gestó las condiciones concretas para que José Carlos Mariátegui forme el partido del proletariado, dotando de orientación marxista leninista al movimiento popular, con el objetivo de dirigir y conducir las masas hacia la toma del poder.

La creación del Partido Comunista del Perú (PCP), y la conformación de una dirección, bajo los lineamientos de Mariátegui, hicieron posible que el proletariado se reconociera no sólo como clase social diferente a la explotadora, sino también como la llamada a realizar la transformación social, es decir se elevó de una clase en si hacia una clase para sí.
La segunda década del siglo XX, marcó el auge del movimiento popular, obreros, campesinos y sectores medios urbanos y regionales, hicieron frente en un primer momento a la “Patria Nueva”, conformada por la burguesía financiera aliada del imperialismo y luego al denominado “Tercer Militarismo”, que representaba la restauración en el poder del sector terrateniente comercial aliado del imperialismo.
Hacia fines de 1929, los obreros de Chiclayo desplegando nuevas formas de lucha y organización, conformaron luego de varios intentos, la Primera Unión Sindical de Trabajadores de Lambayeque (USTL), en su intento por articular de forma centralizada los diversos sindicatos conformados en Lambayeque.
La creación de sindicatos en haciendas fue vista como foco de organización y canal de reclamo frente a los hacendados; por ello, utilizando la fuerza policial y autoridades asequibles a su poder político, los hacendados, lograban ubicar, detectar y erradicar a los supuestos “instigadores de malas ideas” ó “personajes dañinos a la tranquilidad del pueblo”. Llegando al extremo, de expulsar a los implicados fuera del departamento e “indisponerlos”, para que no sean recibidos en ninguna hacienda. Esta forma represiva, es constante en el accionar del estado a lo largo de nuestro proceso histórico; aun más acentuado cuando se pretende acallar los planteamientos e ideales de liberación del pueblo peruano. ¿Acaso no es ese el objetivo actual del estado peruano cuando criminaliza la protesta popular?
Sin embargo, la organización obrera en haciendas como Cayaltí, Pucalá, Pátapo, etc. demostraba la necesidad de organización de los obreros en Chiclayo, quienes empezaron a tomar conciencia de su papel al interior del proceso histórico peruano. En una entrevista el dirigente obrero Arbulú Miranda recordando ese momento mencionó “…Lucio Benavente, fogoso polemista, militante sindical de marítimos y portuarios, y José Azalde de tripulantes, explicaron que aquí en el departamento de Lambayeque debería empezar una movilización de trabajadores para organizarse sindicalmente. Traían la palabra de José Carlos Mariátegui. Se leyó en la conferencia el comunicado este, entonces la masa allí presente ovacionó tremendamente a estos dos delegados y la contestación fue esta ¡Vamos a organizar la Unión Sindical¡ ¡Vamos a organizar los sindicatos¡.

                                                    
Fue en este contexto que se emitió el decreto del 28 de mayo (D.S.7166) , que prohibía y declaraba toda huelga ilegal, produciendo la suspensión de garantías constitucionales en donde se desarrollase; en ese momento se producían también huelgas y movimientos en Cuzco, Arequipa, Mollendo y Talara.



Esta política de corte represivo desencadenó el rechazo popular; en Lima se produjo una movilización de la FEP (Federación de Estudiantes del Perú) en conjunto con los obreros, el 3 de junio de 1931. En su afán de hacer frente a la movilización popular, el gobierno militar denunció “un complot revolucionario”, con el objetivo de legitimar, una ley marcial, por la cual las fuerzas armadas….durante la vigencia del estado de sitio podrán hacer uso de sus armas para reprimir cualquier manifestación pública....”.

En Chiclayo, el desconocimiento de un acuerdo firmado entre el sindicato de la hacienda Pátapo y sus propietarios, devino en la arbitraria detención de los representantes del sindicato de Pátapo, contando con la complicidad de la policía y del prefecto de Chiclayo.
En rechazo a esta política represiva se produjo una movilización departamental, el 12 de Junio de 1931, que demandó la puesta en libertad de los detenidos y movilizó 20 bases sindicales y gremios; cumpliendo destacado papel los gremios de choferes y trabajadores del mercado central de Chiclayo, participaron también los cañeros de Pátapo, Tumán y Pomalca quienes se movilizaron en el tren recorriendo las haciendas.
Ante el desplazamiento de los huelguistas hacia la ciudad de Chiclayo, el prefecto Hernán R. Delgado movilizó a miembros del ejército para detenerlos y obligar a los trabajadores a regresar a sus haciendas; ante la negativa de los obreros y su férrea resistencia, los miembros del ejército ametrallaron a los obreros obligándolos a dispersarse dejando algunos cadáveres (15 obreros aproximadamente).



En su informe el mayor Manuel Castillo, jefe del batallón de seguridad del norte describió“...tome las disposiciones tácticas para impedir el ingreso de las masas que venían de las referidas haciendas, las que una vez en los alrededores de esta ciudad en número más o menos de 1200 hombres con machetes, calabozos, hoces, etc. y ostentando banderas rojas con inscripciones comunistas trataron de hacer su campamento entre las líneas del ferrocarril a Pomalca y el camino carretero a las haciendas”(Gómez Cumpa –Bazán Inés 1989:189)
La respuesta represiva del estado, no sólo consistió en la detención de los dirigentes sino también en la clausura del principal vocero de los obreros (El Trabajador) como lo dejó en evidencia una carta enviada por la administración de la hacienda Cayaltí en la cual “se comunicó que el gobierno va a eliminar a todos los cabecillas y que se ha clausurado el periódico…” (Huertas V.1974:189).

A MANERA DE CONCLUSION

El movimiento sindical clasista en Chiclayo durante las primeras décadas del siglo XX, logró articular amplios sectores sociales, dotando de dirección clasista a las luchas de los obreros de las haciendas de Chiclayo (Cayaltí, Tumán, Pátapo, etc.).


Fue en la segunda década del siglo XX que al interior del movimiento popular a nivel nacional, surgió la necesidad de la constitución de una dirección marxista leninista que se despliegue en nuevas formas y responda a los problemas candentes del movimiento popular.
La caída del régimen de Leguía y el retorno de la facción oligárquica (civilista) al poder, de manera abierta y expresa en el denominado 3er. Militarismo, significó la instauración de una política represiva; única vía por la cual optaba la facción oligárquica contra el desbordante movimiento popular. En la actualidad una política represiva similar es aplicada por la facción de la burguesía compradora a quien defiende y representa el presidente Alan García.
El clima de confrontación política y descontento social en Chiclayo tuvo su punto más alto durante las jornadas del 12 de Junio de 1931, cuando la gendarmería y el ejército iniciaron un proceso de represión generalizada que buscó desarticular y dispersar al movimiento sindical clasista en Chiclayo.
La conformación del Partido del proletariado (1928) gestado al interior del movimiento popular para dirigirlo y proporcionarle dirección marxista leninista marcó el punto más alto de organización al que llegó el movimiento popular. Sin embargo, el proletariado y su flamante partido recién iniciaban el largo camino hacia su objetivo final. La prematura muerte de Mariátegui contribuyó a acrecentar los problemas de dirección, que asociado a una incorrecta aplicación de la línea política, fueron el aspecto principal en la derrota no sólo del movimiento sindical clasista en Chiclayo, sino del movimiento popular en su conjunto.



Finalmente debemos mencionar que al interior del movimiento popular la forja de una dirección, que recogiera el legado de Mariátegui y bajo la premisa “una dirección siempre necesita tiempo para cuajar y jamás se improvisa”, buscaría reconstituir la dirección proletaria en el Partido y dotarla nuevamente de una correcta línea política. Esta nueva reconstitución del Partido de Mariátegui tendría que esperar la década de los 60 para el surgimiento de una nueva dirección que en las últimas décadas del siglo pasado inició un gran proceso social que abrió brecha en la historia de nuestro país….…pero eso es materia de una historia aún por escribir.

BIBLIOGRAFIA

 
Castillo O. (1979) Chiclayo: 50 Años en la Historia de la Lucha Obrera. En Marka No 134. Año V.



Gómez C. – Bazán I. (1989) Capitalismo y Formación Regional. Chiclayo entre los siglos XIX y XX. Instituto de Investigación y Capacitación



Huertas V. (1974) Capital Burocrático y Lucha de Clases en el sector Agrario (Lambayeque, Perú, 1920 –1950). Seminario de Historia Rural Andina.



Mariátegui J. (1973) Ideología y Política. Biblioteca Peruana. Peisa

FUENTES HEMEROGRÁFICAS



Revista MARKA, Año VI. 1980,27 de Noviembre.



Revista MARKA, Año V. 1979, 29 de Noviembre.



CIMARRONAJE, PALENQUES, BANDOLERISMO: MECANISMOS DE RESISTENCIA EN LOS AFROPERUANOS (XVI – XIX)


“El legado africano en la construcción de las naciones que integran América meridional es muy importante que sea tenido en cuenta. No hacerlo significaría seguir contribuyendo a “invisibilizar” no solo las memorias de muchos pueblos que compones estos países, sino también extender esa práctica insidiosa en forma de discriminación cultural y racial que tiene que ver con condenar al olvido, la historia de los descendientes de la gente africana en esta parte del continente”.

“La opresión y el abuso, tanto de la gente africana como de la indígena, deben ser considerados ampliamente, pues tuvieron propósitos mucho más complejos que la simple degradación de la persona o la desvaloración de sus concepciones del mundo, puesto que negros e indios, compartiendo o no los mismos espacios territoriales, establecieron mecanismos de defensa para enfrentar al mundo colonial y republicano”
(Anexo IV: Seminario Internacional “Los Afroandinos de los Siglos XVI al XX: 2002)

Toda sociedad descansa sobre la base de una estructura económica social y esta a su vez está compuesta de clases sociales[1], que responden en función al orden que ocupan en la producción y las relaciones sociales que entablan entre ellas en el proceso productivo.
Dentro de esta relación  dialéctica entre las clases sociales, unas se constituyen en la clase que ocupa una posición dominante y ejerce privilegios en el proceso productivo en desmedro de la  otra clase social que está constituida  por los productores de la riqueza social, pero que se encuentran en calidad de dominados y/o sometidos.
Ambas clases sociales en el proceso histórico se encuentran engranadas en un eje de conflicto que constituye el motor que mueve la rueda de la historia, dentro de este proceso dialéctico los sectores dominantes despliegan mecanismos  envolventes de control social[2] y los sectores dominados despliegan mecanismos de respuesta que presentan dos características, unas son de carácter  espontáneo y otras de carácter consciente.

La sociedad virreinal  peruana se encontraba estructurada en clases sociales bien diferencias, dos sectores sociales antagónicos marcaban la particularidad de la sociedad virreinal y dinamizaban su devenir histórico.
Un primer sector conformado por la menor parte de la población denominada de “los señores propietarios” dueños de la mayor parte de la tierra o en todo caso de la más alta rentabilidad y que los hacía fungir de protectores estableciendo vínculos de dependencia personal buscando
“Mantener la relación social de dominio que satisficiera las ambiciones económicas de un estado metropolitano y sellara su compromiso de clase con los grupos señoriales americanos...”
(Carlos Lazo 1980:13)
Un segundo sector el mayoritario conformaba la denominada clase social explotada, siervos y esclavos eran sus mayores integrantes, así como mestizos y blancos y criollos pobres. Cabe indicar que al interior de los sectores dominados desde el sector dominante se buscó desplegar entre ellos odios raciales  del negro hacia el indio y del mestizo hacia el negro y el indio, todo en aras de una mayor fragmentación de estos sectores y un mejor control social de ellos.
La historiografía peruana ha incidido en sobre manera en el análisis de la explotación al poblador andino, sector sobre explotado y mayoritario en densidad poblacional sin embargo en aras de la construcción de nuestra nación y rescatando del olvido intencional a sectores dominados se hace necesario el estudio no solo del aporte afroperuano en la música, danza, comida y costumbres, sino también su participación en la forja del proceso histórico peruano.
Frente a los mecanismos envolventes desplegados por los sectores dominantes, la población afroperuana y demás clases dominadas desplegaron  un conjunto de acciones defensivas, en razón y defensa de su subsistencia.
Diversas fueron las modalidades de protesta[3], en algunos casos optaron por mecanismos legales en otras oportunidades las rebeliones y protestas colectivas e individuales también persiguieron el mismo fin “la ansiada libertad”.

                                                     

En el presente trabajo abordaremos tres formas de protesta social esgrimida por la población afroperuana en el Perú colonial: El Cimarronaje, el Palenque y el Bandolerismo. Incidiremos en la tercera forma como una aproximación a un tipo de protesta social a partir del análisis de un bandolero afro peruano “Pedro Espinoza Ríos “Periquillo”.
Cimarronaje, Palenques y Bandolerismo fueron modalidades que se alternaron y se complementaron como formas de respuesta de los afroperuanos a la explotación colonial.
¿Quiénes eran los cimarrones?
En palabras de Victoria Espinoza (1988:30) “Los negros cimarrones eran los esclavos que se evadían de sus centros de trabajo e intentaban llevar una vida libre y preservar en lo posible su identidad cultural en los asentamientos que establecieron”.
Maribel Arrelucea  nos dice “...Desarrollaron diversas estrategias para sobrevivir; en este sentido, la cimarronearía como respuesta social de protesta cuestionaba la hacienda y algunos rasgos del régimen como fueron el maltrato, exceso de trabajo, reducción de la dieta, prohibición o recorte de la vida social del esclavo, etc.”(Maribel Arrelucea 1998:171).
La fuga de esclavos en el Perú colonial como mecanismo de evasión del sistema de explotación contra el afroperuano ocasionó  desde los primeros años de la conquista que se establecieran ordenanzas desde el mismo cabildo para evitar las fugas de los afroperuanos esclavos al respecto
 “En primeros de julio de mil quinientos treinta y siete años los señores justicias e regidores estando y juntos en su cabildo e ayuntamientro dicxeron que se entiende esta hordenansa a negra o morisca ansy mismo y se acreceno la pena de sus en veynte pesos. Pedro de Castañeda….Otro sy ordenaron e mandaron que ningún negro ni negra sea osado de tener ny tenga encubierto y escondido a otro negro ny negra ny iyndio ny yndia que sea de sus amo e individuo huydo so pena que al negro o negra le sean dados cien azotes….
Yten hordenaron e mandaron que qualquier negro que sea absetnado de su amo e anduviese absente de su servicio seys días que por ello le sea cortado lo suyo e sy anduviere absente mas de los dichos dyas que muera por ello. (Libro de Cabildos de Lima Libro I (1534 – 1539)

La huida constante de los afroperuanos determinó que el Cabildo de Lima en 1535  estableciera la existencia de cuadrilleros cuya misión fundamental era “(…) en patrullar y aprehender a los bandido en el campo, al mando de alguaciles de campo”. Es decir desde las primeras décadas de la conquista a la par del establecimiento del virreinato el afroperuano luchaba incesantemente por su libertad y se establecía una relación estrecha entre el Cimarronaje  y el Bandolerismo
 En 1549 el pacificador La Gasca autorizó a los alcaldes ordinarios reunir, hombres, armas y caballos necesario y salir en persecución de aquellos que asolaban los campos. Se trató de usar no sólo fuerzas oficiales (cuyo número era reducido). Para lo cual se optó por ofrecer recompensas (dinero, libertad, etc) a fin de incentivar a los particulares, vecinos habitantes de Lima, así como a los negros esclavos y persona libres, a contribuir en la persecución y aprehensión de los bandoleros”( Vivanco 1988: 251)

Sin embargo a lo largo de los siglos que duró el sistema colonial el Cimarronaje constituyó solamente un rompimiento transitorio con el amo y no implicó un cuestionamiento al orden existente ni un peligro real a la sociedad en palabras de Arrelucea
“Lo que sí lograron fue privar al amo de los servicios y el jornal, además de gozar temporalmente de libertad personal. Desde el punto de vista del esclavo, era suficiente porque cubría sus expectativas cotidianas, sus objetivos inmediatos: dejar de ser explotado, disponer de su propia vida”.

En las primeras décadas del siglo XIX, durante lo que llamaremos la crisis del modelo colonial se puede observar que los alrededores de las haciendas de la costa central el Cimarronaje tiene presencia de gran cantidad de afro peruanos que en ocasiones les da la seguridad para enfrentarse a miembros de la clase dominante, así lo registramos en las inmediaciones de Bujama (1808) en la provincia de Cañete
“… hallandose el confesante en el tambo de la laguna de bujama acompañando de los negros Jose Espionoza alias primera y Pablo Falcon, llego otro negro que sin duda era conocido del confesante diciendo que llebaban preso a pancho y que iban a quitarlo con sus simarrones del monte lo que oido por el confesante espuso: que ese pancho era su compadre, y que para ir a darle libertda convido a los dos compañeros, y con ellos fue expresamente al monte en busca de los simarronmes.”
(Leg114, C1378, 1808)

Y cuáles fueron las aéreas donde se establecieron los cimarrones Victoria Espinoza refiere
“Los cimarrones se instalaban en aquellos lugares en donde podían encontrar recursos para explotar y sitios seguros en donde permanecer. Los pantanos y bosques de las haciendas de Lima albergaron a un indeterminado número de cimarrones quienes lograron sobrevivir al explotar los recursos de su hábitat. Los puquios, a cuyo alrededor se establecieron los cimarrones posibilitaron una relativa independencia económica debido a que es mas fácil controlar u territorio de puquial que un territorio regado por el agua de un rio. (Espinoza Victoria 1999: v)

El afroperuano buscó evadir la explotación del sistema colonial y para ello no solo el Cimarronaje fue una alternativa de búsqueda de libertad sino el establecimiento en lugares de refugio donde buscaron recrear una nueva forma de vida en donde la libertad sea la característica dominante, una modalidad alterna de vida a la que tenían en ese sentido surgieron los palenques que fueron
 “…..fue una aldea o asentamiento rural de población negra cimarrona. Se estableció en una zona periférica a los valles limeños. Constituyo una agrupación social rebelde aunque mantuvo relaciones económicas mas o menos estrechas con la ciudad y las haciendas circunvecinas”
(Carlos Lazo 1981)

En palabras del historiador Carlos Lazo García[4] zonas autónomas donde los afroperuanos desplegaron una política de convivencia paralela con la hacienda sin romper completamente con ella sino por el contrario establecieron una relación de dependencia entre la economía periférica de los palenques y la economía de los hacendados (Carlos Lazo y Javier Tord 1981:304)
Maribel Arrelucea menciona
“En los expedientes se les denomina "palenques", palabra que sirvió desde el siglo XVI para designar los refugios de los cimarrones, pero se entendía también como lugar empalizado con chozas y pequeñas chacras. Para la segunda mitad del siglo XVIII los palenques eran guaridas simples, sin construcciones, sin chozas, tampoco practicaban la agricultura rudimentaria. Por lo tanto aquí no existieron esos palenques al estilo de los quilombos brasileños, cubanos o colombianos. Nuestros palenques de fines de siglo estuvieron ligados al bandolerismo, a la forma más rápida de sobrevivir sin desarrollar una respuesta más beligerante”

Espinoza Victoria a determinado para la costa central el espacio territorial donde se habrían encontrado palenques
“En el area comprendida entre Supe y Cañete localizamos palenques e los moentos de las haciendas de Paramonga, San Nicolas de Supe, Caral, Andahuasi, Vilcachuaura, Palpa, Caqui, La Guaca, Cieneguilla, Biocanegra Huachipa, Cero, Pamas del rey”, Caballero, Pubnchauca, Vila, San Juan,las tres chacras, la Calera de los padres jusuitas, en Balconcillo, San Jose de Monte y Bujama (Espinoza Victoria 1999: VII)

El palenque no fue como en Venezuela o Brasil, lugar de emplazamiento miliar de carácter defensivo y donde se aglutinó un grueso de población afro en calidad de rebeldes contra el estado. Los palenques en el Perú colonial devinieron en lugares simples de escondite fuera de las áreas urbanas.

BANDOLERISMO SOCIAL





El bandolerismo social corresponde a formas de respuesta de los sectores populares que se inscriben dentro de los denominados conflictos menores dado que no buscan un cambio revolucionario ni ponen en cuestionamiento el modelo económico de los grupos dominantes.
El fenómeno del bandolerismo para el caso del Perú Virreinal ha sido poco estudiado, en su obra titulada Economía y Sociedad en el Perú Colonial (1980) tomo V, ambos autores analizan las tipología de respuestas populares que se presentan en la sociedad colonial y mencionan al bandolerismo social, visualizando en este fenómeno social la presencia de un atisbo de conciencia de clase en el grado de lo que somos; que permite actuar al líder
“…no sólo para subsistir sino a efectos de poder destinar parte de lo robado para ayudar a sus compañeros en cautiverio fuesen siervos o esclavos, siendo su objetivo principal la expropiación de  bienes de propiedad terrateniente viviendo de esta y gracias a la cual el jefe bandolero resulta generoso, convirtiéndose en “un señor de facto” que incluso desafiaba a los “señores d de derecho” quienes lo calificaban del “mas grande delincuente”.

Alberto Flores Galindo para el caso del Perú Virreinal presento al bandolerismo como forma de protesta social  de los sectores dominados el cual hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX presento un carácter epidémico, ya que transitar por la costa central del Virreinato Peruano se convirtió en un verdadero riesgo para los comerciantes o viajeros.

Una expresión de protesta social: Pedro Espinoza Ríos “Periquillo”,  bandolero del valle de palpa y el ingenio 1800 – 1810
Pedro Espinoza fue uno de los tantos jefes bandoleros que asoló la costa central del Virreinato Peruano, específicamente los valles de Ingenio y Palpa, que  se convirtieron en su área de acción.
Jefe de un banda del valle de Palpa, en su declaración instructiva declaró llamarse Pedro Espinoza Ríos, alias Periquillo, casta negro, de oficio lampero, estado soltero, y natural del valle de Ingenio y cuya edad era de treinta años más o menos, capturado según el auto cabeza de proceso de Don Santiago Saenz Capitán de Infantería y alcalde ordinario de los valles de Ingenio y Palpa, por un criado del sargento mayor Don Vicente Ferrer de Francia, el cual determinó depositarlo en el Sepo de su hacienda.
Situación muy común dado que el cepo solía utilizarse como una cárcel privada al interior de la hacienda y en otros casos en lugar de reclusión y castigo a los esclavos que intentaran huir o tuvieran conductas que el señor hacendado concibiera como ajenas a un buen esclavo.
Pedro Espinoza Ríos conocido con el apelativo de “Periquillo” habría según las declaraciones, estado cometiendo sus actos delictivos  en un periodo que abarcaría desde aproximadamente inicios del siglo XIX hasta 1810 fecha de su captura definitiva y juzgamiento, toda una década que según los testimonios de las personas rectoras del orden social existente fueron de constantes latrocinios hacia sus propiedades e incluso de perjuicio a la actividad comercial del área.
Una década se constituye a una  enorme cantidad de años que este bandido habría podido estar operando y a quien las autoridades no habrían podido capturar a pesar de sus múltiples esfuerzos, de allí se desprende la ayuda que habría tenido “Periquillo “ para ser alertado a tiempo cuando las tropas de los cuadrilleros llagaran a capturarlo y ponerse a buen recaudo, de esta manera una forma muy común de hacer que sea delatado el bandolero fue teniendo que ofrecer una recompensa situación que buscaba que frente a la critica situación económica de los sectores dominados, estos se convirtieran en delatores  del bandido a cambio de dinero.
Teniendo para su captura que ofrecer veinticinco pesos por su aprensión, asegurándolo los criados de Don Vicente Ferrer. Las declaraciones del licenciado Baltazar de Polo y Quevedo hacendado y ex alcalde del mencionado valle nos menciona:
“...Pedro Espinoza, conocido frecuentemente como Periquillo...nació esclavo en la hacienda Bogovaya (sic) del Ingenio propia de la difunta Doña Leandra Espinoza, y aunque se ha asegurado que su ama lo dejo libre luego que cumpliera la edad de beinti y cinco años, hasta hoy no ha cumplido con justificar esta gracia(...) por lo que quando yo fui alcalde, lo trate como esclavo, tanto que junto con otro de mi hacienda amigo suyo por varias quexas de robos, les hice prender en la hacienda San Xavier,  a cuio caporal intentaron herir, y al punto los encamine a moler caña en la Hacienda Chocabento (...) se mantubo algún tiempo en la prisión y jusgando que este castigo le serviria para enmendarse regreso aparentando arrepentimiento y conmigo se estreno atropellando mi casa en circunstancias que poco faltaba para concluir mi mando de alcalde. Aquí comenso este mal negro a entregarse al robo sin distinción de personas y clases”  (Real Audiencia Causas Criminales, Leg. 95, Cuad. 1169, 1802)

Hacia inicios del siglo XIX la crítica situación económica que vivía la economía colonial envuelta en una crisis estructural que había buscado por múltiples mecanismos reflotar esa situación estaba condenada a su colapso, es este el contexto en el cual “Periquillo” al parecer habría sido liberado por su difunta ama sin embargo algunos miembros rectores del orden social
De esta manera frente a las malas condiciones de vida y quizá por  la prolongación de su esclavitud optaría por la huida y posterior actividad de bandolero para poder subsistir, asimismo podemos observar como incluso llega a desafiar a las autoridades locales como lo menciona el mismo alcalde del pueblo cuando refiere que  “Periquillo” ingreso a su casa cuando estaba a punto de terminar su mandato en una clara muestra de haber perdido aparentemente el temor hacia el señor representante del grupo dominante en la zona.
Sin embargo a pesar de su ruptura con el orden legal de la sociedad dominante al coger las armas para tomar por la fuerza lo que necesitan para vivir; no llegan a visualizar en el señor al enemigo de clase al que hay que derrotar.
No presenta un programa que cuestione el orden existente tan sólo persiguen la defensa o restauración del orden tradicional o terminar con los abusos. No exige la eliminación de la clase de los señores, sino se limita a ponerle coto a sus excesos.
Una  de las características  del bandolero social, será la contradictoria reacción de los sectores conformantes de la sociedad;  los sectores dominantes visualizaran  en él un simple criminal, un hombre al margen de la ley, un delincuente.
Los sectores dominados lejos de considerar criminales sus actos  lo protegerán  haciendo  que  permanezcan dentro de los ámbitos locales con lo cual garantizan su  auxilio  y socorro evitando su captura.
En contraste los sectores dominados lo protegerán evitando su captura, afirmación que se confirma en la  declaración de Juan Paco indio tributario de 22 años quien menciona al respecto
 “...que estando podando la viña de Moyaque se apareció el negro Periquilloa eso de las ocho de la noche en una mula ensillada con varias especiesde las cuales fue una chamarra que no sabe el declarante de que genero era, y se la vendio a uno de los compañeros podadores, con ciuio dinero paso a un quarto de la cocina a jugaren donde varios estaban divirtiendose que entonces fue quando le aseguraron que Don Lino Henriquez y Don Juan AntonioGrados venían a prenderlo, a lo que inmediatamente se mudo...” (Fj 31V.).


De esta manera queda evidenciado la forma como Periquillo se inserta dentro del mundo de los sectores dominados entabla relaciones personales con ellos se convierten en sus compradores potenciales de productos que este bandido trae los cuales son vendidos a precios bajos pero ingresa en su mundo se reúne con ellos juegan y establecen relaciones amicales razón por la cual, es visto como un miembro más del grupo que lo acoge y comparte con él la diversión,  esta es la razón por la cual cuando es preciso y debido al peligro que corre su seguridad es alertado de la presencia de soldados que vienen a prenderlo y este es el motivo principal por el cual es muy difícil su captura, el nivel de identificación de la población con el bandido a llegado a cristalizarse  y hará casi imposible su ubicación y posterior captura.
El sargento mayor Vicente Ferrer Francia mencionó: 
(…) Este ladrón no tiene compasión en sus hechos que son notorios y no habrá en toda la jurisdicción persona que no allá experimentado graves perjuicios con los robos frecuentes llegando a tal grado la libertad de este negro que el solo a sido bastante para contener el comercio y privar a la Real Hacienda de los justos derechos que antes de esta ocurrencia se contribuían a su majestad” (Causas Criminales, Leg95, C116, 1802, fj16).


Con esta declaración se pretende culpar por al bandolero de la caída en el trafico y aun mas de los correspondientes ingresos a la Real Hacienda. De esta manera su accionar es impedimento para el normal desarrollo de las actividades comerciales de los miembros de los grupos dominantes en la region y ven en el personaje a un obstáculo para su actividad y la obtención de mayores ganancias, esto se puede comprobar por el mecanismo utilizado para la captura del bandolero esto es la organización de toda una estrategia para capturarlo que tendrá en la recompensa para  el que lo capture intentando de esta forma obtener mejores resultados de los conseguidos hasta ese momento (según la declaración hacia 8 años que Periquillo cometía sus actividades delictivas en esa zona), actitud que queda manifestada cuando Don Diego Santiago Sáez Capitán  de Infantería y alcalde ordinario de los valles de Ingenio y Palpa manifiesta:
“...a pesar del celo de la justicia, ha tenido máxima este reo para entorpecer las providencias  y burlarse de ellas.., no se oía otra cosa que lamentos de infelices que quedaban sin sus pobres bienes y caballerías, y de los hacendados y comerciantes que también tenían parte en los forados de sus bodegas y tiendas me pareció lo más oportuno, ofrecer la gratificación que en efecto exhibí inmediatamente  pareciéndome cosa muy ridícula a vista del  beneficio que ha recibido la república, con la seguridad del negro masa atrevido y mas ladrón”
En el valle del Ingenio y Palpa  la presencia de nuestro bandolero Periquillo, será visualizada de forma diferente por los sectores conformantes de la sociedad, para los sectores dominantes locales será “un vulgar ladrón” en cambio para los dominados el apoyo, ocultamiento y aprovisionamiento cuando es perseguido por las autoridades locales evidencia una forma diferente de ser visualizado. De esta manera los sectores dominados tendrán una actitud contraria “protegerán al bandolero” (Hobsbawm 1987:27).
Por tanto el Cimarronaje, el palenque y el bandolerismo constituyeron formas de protesta social esgrimidas por los sectores dominados que sin cuestionar el orden existente buscaron frenar la explotación y la obtención de una libertad que no era completa como podríamos pensar sino con mucha de las ideas del mundo español.



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Autos criminales que de oficio de la Real Justicia se han seguido contra el reo Pedro Espinosa Alias Periquillo por el delito de abigeo. Año  de 1802.



[1] Lenin (Harnecker 1980:167) entiende a las clases sociales como: “...grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan  en un sistema de producción históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran  frente a los medios de producción, por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y por consiguiente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen”.
[2] Estos fueron de distinta índole: ideológicos, religiosos, festivos y represivos, pero todos ellos favorecían la permanencia del equilibrio social. En ese sentido, la iglesia actuó como una institución generadora de mecanismos de control”. Maribel Arrelucea, De la pasividad a la violencia. Las manifestaciones de protesta de los esclavos limeños, Historia y Cultura, 24, 2001.

[3] Maribel Arrelucea sobre la protesta menciona “Considero así toda acción que conlleva un rechazo a la condición subordinada. Estas acciones son diferentes, algunas claramente visibles porque tienen fuertes dosis de violencia como las rebeliones y los tumultos. Otras, al contrario, son difíciles de percibir porque se esgrimen en la vida cotidiana, al interior de la sociedad misma como el trabajo lento, la sátira, la mentira. Mientras las primeras rompen con la legalidad y las normas establecidas, las segundas no, por eso las diferencio en protesta activa y pasiva respectivamente.” (Arrelucea Maribel: 2001).

[4] Carlos Lazo asocia asimismo el incremento del cimarronaje y la presencia de los palenques a una crisis económica (1761) lo que genera una presión de parte de los grupos dominantes señoriales sobre los esclavos y que conlleva a su huida y la conformación de palenques.

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